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Opinión
domingo 2 de octubre de 2016, 02:00

Roscalandia

Por Arnaldo Alegre
Por Arnaldo Alegre

Olvídese del estudio. Deje de romperse la cabeza aprendiendo hasta los últimos secretos de su profesión. No le servirá de nada en Roscalandia. El país oculto, a pesar de mostrarse desvergonzado frente a nuestros ojos, en donde muchos desafían a la lógica al volverse inexplicablemente muy bien pagados.

Teniendo un término uno puede llegar a ser jefe de cátedra de Medicina o jefa de Investigación en Ciencias de la Salud, careciendo de conocimientos en ciencias y en salud. Y obvio, con una cara terriblemente dura.

Aprenda a hacer asados, a relacionarse con sus jefes, cultive amigos que después puedan pasarle una mano, en lo posible cargada de billetes. Memorice chistes que generen la complicidad de los caballeros y la dulce socarronería de las damas. Las relaciones sociales son más redituables que los convencimientos morales o ideológicos. Los principios están al servicio de los fines.

Revise su árbol genealógico. Puede ser que aparezca algún pariente perdido y bien colocado. Cualquier tío abuelo de tercera generación sirve. Despierte a la abuela. Exíjale que recuerde. Se puede sorprender de los secretos guardados en esa tierna cabeza plateada.

Si el mentado árbol tiene la altura de una ligustrina, no se desespere. Existen otros caminos para el éxito en este país generoso e inconsciente.

Las afiliaciones partidarias valen su peso en oro. Pero hay muchos vaivenes. Pero, para evitar sorpresas, vea a qué grupo traiciona Diógenes Martínez y sabrá por dónde pasan los vientos alisios del poder. Solo es cuestión de ahuecar las alas y disfrutar del viaje. Cuidado, jamás siga a Romerito. Es garantía de fracaso.

Existen dos grupos fuertes. Los masones son uno. No se preocupe, es un club de amigos. Ya no encontrará allí revolucionarios o padres de la patria, ni le exigirán mayor catadura moral o intelectual. Es como reunirse en un café con ornatos más sofisticados. Después hay otro grupo muy influyente. Existieron desde siempre, pero ahora tienen una influencia y presencia más abiertas. Ya se dará cuenta cuando sea aceptado en la cofradía. Después está la Santa Madre Iglesia, más hábil en colocar a sus hijos buenos que castigar a los malos.

Y Roscalandia no opera solo en el ámbito estatal. En el privado nos regala cada joyita que da vergüenza ajena.

Vamos a hacer un país más equitativo cuando eliminemos las roscas insanas que nos infectan. Estas anulan el mérito, para premiar la mediocridad, el amiguismo y el falso linaje.