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Opinión
sábado 24 de junio de 2017, 02:00

Renunciar antes de empezar el partido

Andrés Colmán Gutiérrez – Twitter: @andrescolman
Por Andrés Colmán Gutiérrez

Hasta ahora conozco dos renuncias muy sonadas en el mundo de la política, que ocurrieron antes de que empiece siquiera a correr el reloj marcador que cuenta el tiempo del partido.

Una de ellas fue la de mi querida amiga, admirable historiadora y cientista social Milda Rivarola, que en el 2008 fue elegida para asumir como ministra de Relaciones Exteriores del entonces presidente electo Fernando Lugo, pero se dio el lujo de renunciar un mes antes de asumir el cargo. Milda nunca reveló las razones de aquella abrupta decisión, pero todo apunta a que surgieron diferencias políticas y ella no estaba dispuesta a avalar algunas cuestiones con las que no estaba de acuerdo.

La otra renuncia es la que trascendió con mucho ruido mediático esta semana, cuando el conocido locutor de radio y televisión, y empresario animador de eventos, Rubén Rodríguez, tras haber aceptado la oferta del presidente Horacio Cartes para ser el precandidato a gobernador del Departamento Central por el oficialista movimiento Honor Colorado, finalmente comunicó que se echaba atrás en la decisión, debido a las fuertes críticas recibidas, principalmente de sus propios amigos y colegas.

Son dos situaciones muy diferentes, aunque parecidas, que nos pueden ayudar a reflexionar sobre el curioso sistema de compraventas en el que ha desembocado la actividad política.

Milda Rivarola es una intelectual con sólida formación política, luchadora firme en sus convicciones democráticas, que ha preferido renunciar a un alto cargo antes que traicionar a sus principios. Con ello probablemente perdimos la oportunidad de contar con una buena canciller, pero a cambio hemos ganado a una investigadora que sigue produciendo valiosas obras editadas, que nos ayudan a pensar mejor y a recuperar nuestra memoria histórica.

Rubén Rodríguez es un laborioso profesional de los medios de comunicación y de la farándula, con convicciones políticas conservadoras y fiel al sistema, que ha sabido construir un mensaje optimista que busca caer bien a la mayoría, sin comprometerse con los temas conflictivos. Un perfil ideal para una época en que la gente prefiere candidatos edulcorados desde el márketing, ante la constante traición de tantos políticos profesionales surgidos desde los partidos.

Pero así como su formación política y su coherencia fueron los valores que le bloquearon a Milda el camino a la gestión pública, a Rubén lo perdió la ausencia de estos mismos valores. Sus ganas de ser "transparente" y su falta de conocimiento de leyes y sistemas lo llevaron a cometer el "sincericidio" de revelar el cuantioso "sueldo extra" que iba a recibir personalmente de su acaudalado padrino político, sin siquiera detenerse a verificar que no se lo permite la Ley Electoral.

Ese choque con la realidad de un sistema que obliga a respetar ciertas reglas, aunque otras puedan ser violadas, generó lo que siempre ha tratado de evitar: las críticas negativas de mucha gente, incluidos sus colegas. Y marcó el fin de su breve sueño político.