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Opinión
viernes 21 de julio de 2017, 01:00

Protestemos todos

Wendy Marton – En TW @WendyMarton
Por Wendy Marton

Los "campesinos de verdad" son los que están en la Plaza de Armas hace casi 15 días pidiendo que el Gobierno deje de burlarse de ellos y que por fin les hagan caso.

Son tan de verdad como los que se quedaron a trabajar en sus tierras, algunos hartos de venir cada año –como hace 24 años– sin obtener respuestas.

Los "campesinos de verdad" se quejan de que fueron engañados por un gobierno que entrega semillas compradas con dinero estatal en actos cuasipartidarios, pero no se preocupa de que estas no estén en mal estado.

Lamentan también que le importe poco si los funcionarios de instituciones encargadas de regular el sector les recomiendan plantar chía, por ejemplo, asegurándoles que tendrán buenas ganancias, pero a la hora de cosecharla vale igual o menos que la deuda que adquirieron para sembrarla.

Les molesta además que importe más elegir un candidato a presidente o a gobernador o analizar cuántos bonos soberanos hay que emitir para construir una ruta asfaltada que beneficiará a los grandes sojeros, y que solo seguirán haciendo "mantenimiento de camino de terraplén" para los pequeños.

Les frustra que importe más denostar contra 10 a 15 miembros de una agrupación, que analizar la problemática real y lacerante del campo y buscar soluciones. Es hora de que miremos a los "campesinos de verdad", y tomemos como ejemplo su dignidad para pedir la asistencia que se merecen.

Es necesario ponernos a pensar en protestar todos, para que dejen de robarnos pagando con dinero de nuestros impuestos a los zánganos (vip o de oro) del Estado y nos ofrezcan por fin un porvenir mejor, con educación y salud de calidad, controles a empresas privadas para evitar explotaciones laborales y evasiones en el pago del seguro social.

O quizá deberíamos imitarlos exigiendo a las autoridades que sean verdaderos estadistas, cuyos nombres trasciendan por elaborar y hacer aprobar en el Congreso políticas públicas de calidad.

Que propongan por fin un seguro agrícola que funcione en épocas de sequía, inundación o depreciación de precios. Que analicen y aprueben una verdadera reforma agraria que permita a los pequeños productores rurales poder competir en el mercado sin que les devoren los grandes.

Que dejen de contar como un logro cuánto se destinó hasta ahora al sector rural, porque evidentemente lo invertido no está dando los resultados que los campesinos necesitan y cambien lo que está mal. Que lleven a la práctica una verdadera capacitación financiera para que los productores rurales que contraigan créditos no estén bien asesorados.

Protestemos todos, así quizá el próximo gobierno tome un poco más en serio el trabajo de buscar un país mejor, y que no sea una simple promesa electoral.