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Opinión
lunes 16 de enero de 2017, 02:00

Pensando sociológicamente con Zygmunt Bauman

Sergio Cáceres Mercado – sergio209@lycos.com
Por Sergio Cáceres Mercado

Hace una semana amanecíamos con la triste noticia del fallecimiento de Zigmunt Bauman. Este es un autor cuyo libro Pensando sociológicamente me ha sido extremadamente fecundo para discutir temas e ideas en el aula universitaria. Es una concienzuda y original forma de divulgar las ideas que aquel afamado intelectual había aprendido a lo largo de su dilatada carrera.

"Una manera de pensar el mundo", esto es para Bauman la Sociología, una disciplina que tiene como pregunta fundamental la siguiente: "¿En qué sentido tiene importancia que, en cualquier cosa que hagan o puedan hacer, las personas dependan de otras personas; en qué sentido tiene importancia que vivan siempre (y no pueden evitarlo) en compañía de, en comunicación, en intercambio, en competencia, en cooperación con otros seres humanos?".

Así empieza esta obra, que a lo largo de doce capítulos va recorriendo distintos aspectos como la identidad, la política, la cultura, el Estado, la ética, el poder, el consumo y todo lo que tenga que ver con la convivencia entre seres humanos. Como está escrita en un lenguaje no técnico, sin aparato crítico ni todos los requerimientos que lo académico exige para las obras técnicas, Pensando sociológicamente es una genial obra de divulgación que no pierde una pizca de profundidad y seriedad gracias a la erudición del autor.

En el capítulo Libertad y dependencia, concluye que "la libertad de elección no garantiza la libertad de actuar con eficacia según la decisión; y menos aún asegura la libertad necesaria para alcanzar los resultados deseados. Para poder actuar libremente necesito, además de libre albedrío, recursos", lo que le lleva lo siguiente: "A poco de andar descubriré que la libertad de actuar según mis deseos no depende de lo que hago, ni de lo que tengo, sino de lo que soy".

Con una dialéctica implacable, Bauman va mostrando las falacias y contradicciones de creer que solo asegurando la libertad de las personas, ya se asegura su buen vivir.

Para terminar, quiero referirme al capítulo que más me ha ayudado en el aula, es el titulado Naturaleza y cultura. Este conocido par de conceptos viene siempre de la mano y Bauman nos va revelando cómo la cultura se diferencia de lo natural, y hasta qué punto define nuestras vidas. Por un lado, la innegable pluralidad de culturas lo lleva a admitir que ninguna cultura tiene criterios teóricos para fundamentar su superioridad sobre otras; por otro lado, la cultura en la que nos toca nacer y vivir es tan frágil, pero a su vez tan condicionante, que es muy difícil zafar de ella y darse cuenta que otras formas de ordenar y entender el mundo son posibles. La tolerancia es una posibilidad y realidad, pero también una salida muy difícil de asumirla, admite con un dejo de realismo que es el que da sentido a su libro, que sin dudar recomiendo.