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Opinión
sábado 6 de mayo de 2017, 02:00

Pato Donald, se busca

Andrés Colmán Gutiérrez – Twitter: @andrescolman
Por Andrés Colmán Gutiérrez

Al parecer estaban tan convencidos de que la enmienda constitucional iba a ser aprobada y que Horacio Cartes iba a resultar reelecto... que ni siquiera se preocuparon en tener preparado un buen plan B.

Cuando el proyecto de enmienda se les cayó más estrepitosamente que el servicio de WhatsApp, un lunes cualquiera de abril se encontraron solos en la madrugada, compelidos a elegir otro candidato, en muy breve plazo que acecha cual espada de Damocles.

Durante la campaña electoral de 1998, el caudillo Luis María Argaña disparó una de sus más célebres frases: "El colorado siempre vota a un colorado, aunque el candidato sea el Pato Donald".

Tras desecharse la reelección de Cartes, el primer Pato Donald que el oficialismo cartista sacó de la galera fue al "mitã'i porã" ministro de Hacienda, un "Chicago boy" versión guaraní formado en Columbia, creyendo que la folclórica ley del "mburuvicháma he'i" esta vez no sería cuestionada.

Pero... ¡oh, sorpresa!, los mismos dirigentes y las mismas bases coloradas cartistas, que habían acatado disciplinadamente los mandatos del plan reeleccionista y se habían comido estoicamente los escraches ciudadanos por los atracos a la institucionalidad, en pos del rekutu de su "único líder", esta vez no parecen muy dispuestos a aceptar a un impuesto delfín que no proviene de la tradición de las seccionales, las hurras y el pañuelo rojo desde la infancia.

Cartes y sus gerentes no se esperaban esta orwelliana "rebelión en la granja" colo'o. El Pato Donald made in Columbia sigue en carrera, pero cada vez halla más resistencia y posiblemente habrá que buscar otro, o aceptar a alguna figura "con tradición partidaria" apoyada por las bases, que ya están tendiendo puentes a la disidencia. Los mesías y los judas intercambian sus roles.

En las filas de la oposición, el panorama tampoco parece nada fácil. Derrotada la enmienda, ya no hay un interés común y el canibalismo político se extiende, inexorable. El oficialismo liberal carga con las culpas de haber apoyado el golpe contra Lugo en el 2012 y no tiene figuras que despierten gran adhesión ciudadana. Tendrá que jugarse otra vez por la alianza o el salto al vacío.

Uno de los pocos favorecidos por las encuestas, Mario Ferreiro, deshoja margaritas esperando que la piscina electoral –por ahora vacía– tenga agua suficiente. Si no, puede quedarse sin el pan presidencial y sin la torta municipal.

La izquierda del Frente Guasu está sin opciones, al fracasar su mala jugada cómplice con el cartismo, sin lograr habilitar a su también "único líder". A la otra izquierda solo le resta la opción de las alianzas o de ser, nuevamente, testimonial.

El final de la crisis desnuda la verdadera crisis: casi no quedan líderes creíbles en nuestra sociedad política. Las próximas elecciones abren un gran signo de interrogación, lo que no deja de ser una aventura ciudadana interesante.