14 jul 2026

Padres de niños con déficit de atención, los más afectados por el transtorno

Los padres de los niños diagnosticados con Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) son los principales afectados por esta enfermedad mental, ya que en la mayoría de casos han de lidiar con la culpabilidad de heredar este mal a sus hijos y, además, soportar duras críticas sociales.

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Los padres de los niños diagnosticados con TDAH son los principales afectados por esta enfermedad mental. Foto: mundoentrenamiento.com

EFE


La presidenta de la fundación Proyecto DAH, María Elena Frade, -cuya familia padece el síndrome- explica a Efe que aún hoy día es incomprendido y que “si bien los psiquiatras entienden que requiere atención, la sociedad no lo hace”.


Los niños son etiquetados como problemáticos y los padres señalados como culpables “porque no les ponen límites”, algo equivocado porque el trastorno y su desarrollo no tienen relación con la crianza.

“La presión social es muy fuerte. Te ven diferente, eres diferente, pero esta diferencia no se acepta como la de un paralítico o un ciego”, asegura la especialista en TDAH por la Universidad de Alcalá de Henares.

Señala que el enfoque academicista del síndrome también resulta erróneo, ya que “busca la causa y la culpa”, pero en el caso del TDAH “no es ni causa ni culpa de nadie”.

Los científicos “dicen textualmente que no quieres a tus hijos y que por eso están así”, afirma el experto en el Día Mundial de la Salud Mental, que busca concienciar y atender enfermedades como el TDAH.

El psicólogo Juan Carlos Pérez explica a Efe que el TDAH es un trastorno neurobiológico que altera la capacidad de atención y conducta de las personas que lo sufren, dado que “sus neuronas no pueden comunicarse adecuadamente”.

Esta mala comunicación de los neurotransmisores que se da en la parte frontal del cerebro -la que nos permite tomar decisiones, planear, ejecutar y evaluar- provoca que las reacciones del que padece el trastorno sean “diferentes, inesperadas e incluso inapropiadas”.

“La información que a través de nuestros sentidos incorporamos a nuestro cerebro no llega al lugar al que debe de llegar o no se guarda la información que genera conocimiento para resolver problemas”, detalla el experto.

Esto hace que las personas “no puedan sostener la concentración el tiempo suficiente para concluir una tarea”, salten a gran velocidad mental de una idea a otra y actúen de manera impulsiva “sin medir las consecuencias”, añade.

El trastorno tiene una prevalencia de entre el 6 y el 12 % a nivel mundial y requiere de tratamiento farmacológico y psicoterapéutico, siendo los principales síntomas la falta de atención, la hiperactividad y la impulsividad.

A menudo se relaciona el trastorno con la genialidad, algo que Pérez no niega pues “muchas personas que padecen TDAH tienen un coeficiente intelectual alto”.

Sin embargo, matiza, “de nada te sirve la brillantez intelectual si no consigues concluir tus propios proyectos”.

Aún así, se muestra optimista con la evolución de los tratamientos, ya que con los años disminuyen mitos como “que es un problema de crianza” o “que es un invento de las farmacéuticas que quieren vender más medicamentos”.

Ello se adhiere con facilidad a “una sociedad que no está informada, que etiqueta y genera estigma” y que especialmente se ensaña con los padres.

“Es la sociedad la que te dice: tú no eres buen papá, no estás educando bien a tu hijo”, afirma.

Cristina Islas, madre de un chico de 16 años, ambos con TDAH, habla con Efe sobre la cruda realidad que resulta ser madre soltera y aceptar tener que vivir con esta anomalía que descubrió tarde y heredó a su hijo.

Mario fue diagnosticado a los 6 años, algo que a su madre le costó creer en un principio, instalándose en la negación.

Cuando aceptó el diagnóstico comenzó a ir a un grupo de autoayuda para comprender lo que les ocurría tanto a su hijo como a ella.

“Nos decían que debíamos aceptar que el niño es así y no el que habíamos idealizado”, recuerda.

Durante el proceso de aceptación, Islas despojó a su hijo de sus necesidades de niño como jugar o socializar, en un momento en el que el síndrome acaparó todo, la colapsó.

Una vez aceptó la situación, el niño fue medicado y comenzó a obtener buenos resultados en la escuela, algo que motivó a la madre a decirle que ambos iban a convivir con el trastorno.

Pérez sostiene que “siempre va a ser mejor hablar” con el niño para que comprenda mejor sus capacidades y necesidades.

Según el instituto de estadísticas, de 32 millones de niños de 6 y 16 años alrededor de dos millones estos padecen TDAH.

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