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Revista Vida
martes 25 de octubre de 2016, 14:58

Miniatura natural

El bonsái, una técnica milenaria del lejano Oriente, echa raíces en el país. Conozca más sobre estas miniaturas que no pasan desapercibidas y sobre la Asociación Paraguaya de Bonsái.

Por Natalia Ferreira Barbosa / Fotos: Fernando Franceschelli

Aun con su follaje en su máximo esplendor, estos árboles no brindan sombra. Se ven tan frágiles que un mal movimiento podría quebrarlos. Sus troncos se curvan elegantemente como si la fuerza del viento los hubiera moldeado y extienden sus ramas casi teatralmente. Parecieran haberse congelado en el medio de una danza. Son pocas las ocasiones en las que se tiene la oportunidad de apreciar la copa de un árbol desde arriba. Esto es posible gracias a la milenaria técnica, originaria de China, de cultivar arboles reduciendo su tamaño: el arte del bonsái.
El patio trasero de Víctor Suárez —presidente de la Asociación Paraguaya de Bonsái— es un punto y aparte en cuanto a plantas se refiere. Dos estantes de madera dispuestos en forma de gradería guardan la colección de este apasionado bonsaísta, quien en más de 20 años juntó aproximadamente 100 ejemplares, entre los cuales se encuentran varias especies nativas como el tatarẽ y el samu'u. También se aprecian otras variedades japonesas, como el pino negro japonés, serissa y shimpaku. La mayoría de estos bonsái no supera los 40 centímetros de altura y otros incluso caben en la palma de la mano.
El arte

Bonsais.jpg

Al hablar de bonsái se hace referencia a la planta y a la técnica, la cual es una forma de cultivo que disminuye el tamaño de la especie por medio de la poda y el alambrado, modelándolo como si estuviera en la naturaleza. "El bonsái es un árbol como cualquier otro, las personas suelen preguntar si tenés a la venta semillas de bonsái y eso no existe. Tampoco se trata de una planta genéticamente modificada, como suelen confundir. Son las condiciones de su cultivo las que hacen que se reduzca su tamaño. Dicen que la planta sufre porque se le coloca alambres, pero estos sirven como guías para el crecimiento de la planta. Los árboles tienen la capacidad de adaptarse a nosotros de forma distinta. Pueden vivir tanto en un contenedor chico como en la tierra. Un árbol como bonsái llega a duplicar o triplicar sus expectativas de vida en comparación con lo que viviría en la naturaleza", aclara Víctor Suárez, quien vio por primera vez un bonsái cuando tenía nueve años y desde entonces quedó fascinado.

Aunque él no es el único que está bajo este encantamiento. La asociación, que se formó hace un año, cuenta con 25 integrantes que suelen reunirse semanalmente para trabajar en conjunto. Cada uno de los miembros es un cultivador y cuida celosamente de sus ejemplares. Si bien el número de asociados es bajo, Suárez estima que en el país debe haber unos 150 cultivadores.
Los que quieran iniciarse en este arte deben saber que casi cualquier especie arbórea puede convertirse en un bonsái, siempre y cuando tenga un tronco leñoso y sus hojas, flores y frutos no sean demasiado grandes. "Siempre me consultan si se puede hacer un bonsái de mango, pero por sus características —hojas y frutas de gran tamaño—, el resultado final no va a ser armónico. También muchísima gente quiere hacer bonsái de lapacho, es lo primero que preguntan, pero por el tamaño de sus hojas es bastante complicado. Se puede, pero tiene que ser bastante grande para que sea armónico. Hay especies autóctonas que se prestan para el bonsái, tales como el ñangapiry, el tatarẽ, el yvapurũ y el guavira, debido al tamaño de sus hojas. La clave está en aprovechar el potencial de la especie para sacar lo mejor de cada planta", indica Suárez.
Más que cultivo
Si es la primera vez de una persona con un bonsái, lo más recomendable para no desanimarse por el camino es empezar con una planta de tamaño considerable, según Suárez. Si se quiere empezar desde cero, es decir plantando una semilla, se deberá tener mucha paciencia, porque puede tardar tres o cuatro años en alcanzar un tamaño con el cual se pueda empezar a aplicar la técnica de bonsái. El bonsaísta también aconseja tener más de una planta, porque asegura que si es una sola, se suele caer en el vicio de cuidarla en el exceso, en términos de poda y trasplantes, por lo que al final termina muriendo. La poda se realiza en base al crecimiento de la planta, siempre respetando la forma que se eligió inicialmente para el bonsái. Para este proceso hay herramientas especialmente fabricadas para el cultivo de bonsái. Suárez hace énfasis en que la planta no necesita que se le dedique un día entero, sino solo cinco minutos diarios para verificar su estado, siempre cuidando que el ejemplar sea una representación de un árbol de tamaño normal en la naturaleza.
"El bonsái es mucha práctica. Durante toda tu vida de bonsaísta —afirma Víctor— seguís experimentando cosas nuevas y aprendiendo. Es la naturaleza la que tiene la última palabra, nosotros tratamos de guiarla, pero al final no depende de nosotros. También puede decirse que el bonsái no se termina nunca, porque vas mejorando su forma. Decimos que es un arte viviente mientras el árbol mantenga la vida, aunque en algún momento vaya a morir, independientemente del cuidado que se le dé. Desde un punto de vista trascendental, criar un bonsái sería aprender el significado de la vida misma. El árbol crece, llega la primavera y florece, en el verano da frutas y en el otoño pierde las hojas. La planta muere y vuelve a empezar".