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Opinión
martes 15 de noviembre de 2016, 02:00

Lugo, tampoco

Por Enrique Vargas Peña
Por Enrique Vargas Peña

Dos senadores del Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA), Blas Llano (http://bit.ly/2f8Qo2n) y Miguel Abdón Saguier (http://bit.ly/2fPIk6s), expresaron días pasados su parecer sobre el recurso legal que promueve el oficialismo cartista en nombre de la Asociación Nacional Republicana (ANR, Partido Colorado) contra la promoción de la figura del ex presidente Fernando Lugo como candidato presidencial (http://bit.ly/2fRcLgq).

Ambos coincidieron en que el recurso promovido por el oficialismo se debe, según ellos, al miedo que la candidatura presidencial de Lugo despierta entre los partidarios de la reelección de Horacio Cartes.

A mi modo de ver, la presentación judicial del cartismo tiene el propósito de dar excusa a los no colorados que suelen simpatizar con Cartes, para dividir a la coalición se articuló en contra del proyecto inconstitucional de reelección vía enmienda promovido por el presidente de la República en su propio beneficio, y que tenía originalmente potencial de mantenerse para impedir la reforma de nuestra Constitución para ponerla a la medida de Cartes.

Tiene ese propósito porque, efectivamente, Fernando Lugo no puede ser candidato a la reelección y la presentación del oficialismo obliga a los actores políticos de la mencionada coalición a pronunciarse y Cartes espera, con fundamento, que sean pronunciamientos contrapuestos.

La interpretación que el abogado de Lugo, Marcos Fariña, hace del Artículo 229 de nuestra Constitución, por la que pretende que Fernando puede ser reelecto, no solo es gramaticalmente descabellada (olvida la oración “no podrán ser reelectos en ningún caso”), sino que hace caso omiso de la voluntad del constituyente (impedir la perpetuación de cualquier persona en el ejercicio de la presidencia), de la circunstancia histórica (la dictadura prolongada mediante la reelección), de la construcción lógica (la sistematización uniforme de nuestra Constitución sobre el tema de la duración de las personas en un cargo) y del propósito teleológico de la disposición (impedir el abuso del poder presidencial para preservar la libertad de los paraguayos).

En consecuencia, hacer campaña sobre esa interpretación es un engaño a la opinión pública, es mentirle al electorado y no es éticamente correcta.

Aquí no se trata de tenerle o no miedo a Cartes como pretenden los senadores liberales mencionados al principio. Se trata de respetar o no nuestra Constitución y si le exigimos a Cartes que la respete, también debemos exigirle a Lugo que lo haga.

Pero Cartes sabe que entre los políticos opositores hay oportunistas sin principios que prefieren pisotear la Constitución igual que él, razón por la que les desafía y razón por la que tendrá éxito y la coalición se dividirá entre los que respetan la Constitución siempre y los que la respetan solamente cuando la viola Cartes.

Fernando Lugo no puede ser reelecto. Y lo que la gente debe ver ahora es que si pretende ser reelecto, no hay diferencias entre él y Cartes en términos morales; ambos quieren ajustar nuestra Constitución a sus respectivas medidas.

Y acá no estamos para cambiar seis por media docena. No estamos para el gatopardismo (http://amzn.to/2fPy51Y). Estamos para construir una institucionalidad política en la que los actores juegan según las reglas o se van. Todos, sin excepciones.