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Opinión
sábado 25 de marzo de 2017, 02:00

Lo que no aprendimos del Marzo paraguayo

Andrés Colmán Gutiérrez - Twitter: @andrescolman
Por Andrés Colmán Gutiérrez

Fue la mayor gesta ciudadana en la historia paraguaya del último siglo. Nunca antes tanta gente se juntó en una plaza para defender una idea colectiva de la democracia, intentando frenar lo que creíamos era una grave amenaza para la libertad.

Marzo de 1999. Caras pintadas con colores de patria. Banderas al viento, consignas y música en el aire. Plaza inundada de pueblo, habitada de indignación, de gritos, de rabia, de idealismo, de plegarias y canciones. Pechos jóvenes convertidos en murallas ante las balas asesinas.

Desde el asesinato del vicepresidente Luis María Argaña, hasta la renuncia y el exilio del presidente Raúl Cubas y la precipitada huida del general Lino Oviedo, fueron seis días y noches en que el país entero permaneció en vilo ante lo que ocurría en la plaza del Congreso. Una admirable masa humana, principalmente de jóvenes y campesinos, resistió con coraje pocas veces visto al ataque de tropas policiales, al avance de tanques de guerra y al fuego cruzado de francotiradores, sin replegarse a pesar de 7 muertos y más de 700 heridos.

Hace 18 años, miles de personas demostraron que el heroísmo paraguayo no es un mito, pero la acción ciudadana no tuvo un eco de continuidad en la clase política.

Tras la épica jornada se crearon condiciones para construir un gobierno de unidad nacional entre las principales fuerzas políticas, pero sus dirigentes demostraron no estar a la altura del desafío. Mientras los protagonistas de la plaza esperaban consolidar proyectos comunitarios, los políticos estaban peleando por cargos y el gobierno que surgió gracias a la sangre de los mártires fue uno de los más corruptos e inútiles de la historia.

Por ello es comprensible, aunque triste, que en cada aniversario del Marzo paraguayo la plaza del Congreso se haya ido quedando vacía. Es natural que haya tanta frustración, tras haber visto cómo muchos de nuestros héroes se convertían en villanos, como iban destrozando a pedazos los mejores sueños de aquella plaza de marzo.

Hay que aprender, sin embargo, a separar lo que fue la acción de la gente de la traición de los políticos. Hay que rescatar las lecciones del Marzo paraguayo, el valor y la fuerza del pueblo unido, para que la llama de la memoria sea capaz de iluminar también el presente y el futuro.

No hay que olvidar que a la gesta de marzo siguieron otras igualmente importantes, esta vez sin balas y sin muertes, como la de los estudiantes de #UNAnotecalles, que barrieron con buena parte de una vieja estructura de autoritarismo y corrupción. O la de los chicos secundarios que tomaron los colegios y sentaron las bases de una mejor educación. Son las nuevas banderas que ondean en las calles de nuestra memoria y se conectan con otras, que hoy parecen ausentes en esa vieja e histórica plaza... pero siguen tan vivas.