María Magdalena Guillén ya se considera una pobladora antigua del penal del Buen Pastor. Fue condenada a seis años de prisión por violencia familiar. “Estoy acá por pegarle a mi hija”, afirma, mientras muestra sonriente uno de los productos que aprendió a hacer estando tras las rejas. “Este florero lo hice yo con mi propia técnica. Es producto de mi ingenio”, dice señalando el objeto adornado con flores artificiales que expuso en la feria de productos realizada el pasado miércoles en el penal, con la presencia de fiscales y jueces de ejecución.
Magdalena –como le llaman sus compañeras del sector Salón 1– afirma que muchas reclusas pueden echar por tierra el mito, que en las cárceles no existe la rehabilitación, porque ella se considera, no solo una sobreviviente del sistema penitenciario, sino que afirma que allí, pudo reencauzar su vida. “Es mentira eso que dicen que acá no se puede salir adelante. Yo aprendí varios oficios acá: hice cursos de enfermería, de cosmetología; realicé talleres de yoga, entre muchas otras cosas”, expresó orgullosa la mujer, quien asegura que al salir de la cárcel se dedicará de lleno a la artesanía. “Ahora mismo, me estoy ganando el pan con el trabajo que estoy haciendo. Estos productos que se ven acá, yo los vendo a las personas que vienen de visita. Me ingenio para hacer algo de plata”, relató mientras revela que el precio de su florero con las flores artificiales es de 80.000 guaraníes. Se venden adentro y también sobre pedido.
AUTODIDACTAS. Ana Dina Coronel, la directora del penal, explicó que unas 300 de las 450 internas, participan en los distintos programas puestos por el Ministerio de Justicia, como cursos de artesanía, clases de música, repostería.
Afirmó que las mujeres realizan estos trabajos con el fin de solventar a su familia ganando dinero dignamente.
Destacó además el trabajo realizado por las autodidactas, conocidas como trabajadoras independientes, que no participan en ningún curso, pero que también crean productos con materiales que utilizan para hacer los productos con materiales que les son traídos por sus familiares y trabajan en sus celdas o en el patio para posteriormente venderlas.
“Invitamos a jueces de ejecución y a los fiscales que vengan a ver todo el trabajo que están haciendo, en manualidades, comida, venta de ropas con lo que pueden solventar a su familia que están afuera; ganar el dinero, pero de forma honrada”, explicó Coronel.