Entre sollozos de algunos enfermos, sus familiares y también de contados profesionales de blanco, se paseó ayer el corazón del San Pío de Pietrelcina por los diversos rincones y secciones del Hospital Central del Instituto de Previsión Social (IPS).
La reliquia llegó alrededor de las 8.00. Un coro de parroquianos de la congregación de los franciscanos capuchinos lo aguardaban escoltados por centenares de fieles, entre pacientes, médicos, enfermeros, funcionarios y parientes.
Ninguno de los pabellones ni las diferentes secciones del centro asistencial se quedaron sin la bendita visita del corazón incorrupto.
Las compuertas de la unidad de cirugías, internaciones y hasta de terapia intensiva se abrieron para dar paso a la reliquia. Lo que a familiares de pacientes les cuesta quebranto, el padre Pío lo logró en un suspiro.
Los cantos de alabanza de centenares de fieles se multiplicaban en los pasillos durante el prolongado recorrido que se extendió hasta las 9.30.
Durante una hora y media, el fragmento santo circuló por los laberínticos corredores del superpoblado nosocomio.
Del sexto piso del pabellón central, bajó a la sección de clínica médica. De allí, más abajo, al área de traumatología para luego descender a la zona de maternidad y pediatría.
Los pacientes dejaron las salas de internación, algunos aguardaban parados con sus sueros colgando de las vías intravenosas; otros en camillas o sillas de ruedas en compañía de sus familiares. El tramo final del recorrido se dio en urgencias donde abundan las camillas con pacientes en los pasillos. La bendición final tuvo lugar en la capilla Madre de la Iglesia, a un costado del IPS. “Donde pasa el corazón del padre Pío, algo sucede. Siempre hay que esperar un milagrito por aquí o por allá. Por eso debemos continuar orando”, dijo el hermano Mariosvaldo.
Hoy, a las 7.30, la reliquia se despide con una caravana de la capilla San Pío en Trinidad al aeropuerto Silvio Pettirossi.