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Opinión
martes 27 de septiembre de 2016, 02:00

La oveja y el comisario

Por Brigitte Colmán
Por Brigitte Colmán

De poco podemos estar seguros en esta vida, pero de algo sí, Cartes tiene la cabeza puesta en solo dos cosas: sus negocios y en cómo le quedan sus pantalones chupín.

Fuera de eso, nada: ni los ocho militares asesinados en Arroyito; ni el atropello a los campesinos en Guahory, por pedido especial de un grupete de brasiguayos; ni los techos de escuelas que se caen sobre las cabezas de escolares, mientras su ministro de Educación se burla de los estudiantes.

Por eso estoy casi segura de que no se enteró del sorteo de la oveja, organizada y auspiciada por el personal de la Comisaría 3ª de Horqueta, que le costó al comisario, una puteada y su inmediata deportación a la zona de Pedro Juan Caballero, para que aprenda.

Según la información, el personal de la Comisaría 3ª de Horqueta, en Concepción, organizaba una rifa para reparar uno de los móviles de la dependencia policial. Sorteaban una oveja, que había sido comprada por los mismos uniformados. Sí, señora, así de conmovedora es esta historia.

El comisario Serafín Marecos confirmó que tomaron esta decisión porque no tenían tiempo que perder para reparar uno de los dos móviles con los cuales cuenta la comisaría. Sabemos que la burocracia del Estado se mueve muy lentamente.

El móvil en cuestión es una camioneta Isuzu, que tiene problemas con el pico inyector, y su reparación costaría G. 2.000.000. "Nosotros nos reunimos con los muchachos y decidimos hacer esta rifa y la organizamos", dijo el comisario. El hecho era demasiado extraordinario y por eso la noticia se hizo popular en un par de horas. Y también muy rápidamente la comandancia reaccionó. Por orden superior, el comisario Marecos fue trasladado.

La anécdota de la oveja nos hizo el día. Nos reímos, nos burlamos y después pasamos a otro tema. Pero alguien se preguntó acaso, ¿por qué el personal de una comisaría –en una zona por donde se pasea el EPP– se ve obligado a realizar una actividad tan ridícula como extrema, para juntar dos millones de guaraníes y así poder seguir utilizando la única patrullera con que cuentan?

¿Cómo es posible que los ciudadanos confiemos en un gobierno que no es capaz de hacer un buen uso de los recursos que le destinamos –con nuestros impuestos– para que resuelva los problemas y garantice un mínimo de seguridad para todos los paraguayos.

Al final, lo único bueno de la anécdota es que parece que la ovejita se salvó, pero el pobre comisario Marecos no. Fue por lana y terminó trasquilado.

A lo mejor, si le pedía ayuda al capo fronterizo Pavão para arreglar el vehículo, hasta le daban una medalla.