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Opinión
domingo 22 de mayo de 2016, 01:00

Hidrovía y ecología

Por Guido Rodríguez Alcalá
Por Guido Rodríguez Alcalá

Aun siendo vieja, la noticia sigue siendo alarmante: el juez Rubén Riquelme prohibió la extracción de piedra y minerales en cerro León, parte del Parque Nacional Defensores del Chaco, una reserva ecológica cuya importancia había sido reconocida por la Unesco; sin embargo, la Secretaría del Ambiente (Seam) apeló la sentencia y consiguió su anulación. Un matutino tituló la información así: Insólito: Seam gana pleito para poder depredar (ABC, 9-2-15). Cartes decidió sacar piedra de cerro León para pavimentar el Chaco; en este, como en otros casos, la Seam aceptó una decisión negativa para la conservación del medioambiente. No está de más recordar que, según estudios de la Universidad de Maryland, la deforestación del Chaco es irracional; esto es lo que debió habernos dicho, debió haber impedido nuestra Secretaría del Ambiente.

En fecha más reciente, el Ejecutivo le encomendó a la Seam encargarse de los aspectos ambientales de la hidrovía de los ríos Paraná y Paraguay; me refiero a la propuesta presentada al Congreso el 30 de julio de 2015. De acuerdo con la propuesta, representantes del Gobierno paraguayo, por un lado, y del Cuerpo de Ingenieros de los Estados Unidos, por el otro, deberán definir cómo se hará la hidrovía en nuestras aguas territoriales. El proyecto de la hidrovía de los ríos Paraná y Paraguay es más amplio: involucra a Bolivia, Brasil, Paraguay, Argentina y Uruguay. Pretende hacer navegables, de día y de noche, todo el año, el curso de esos ríos comprendido entre Puerto Cáceres (Brasil) y Nueva Palmira (Uruguay).

Para el Paraguay, el costo del trabajo conjunto con el Cuerpo de Ingenieros será de 16.500.000 dólares. El argumento es que el transporte por río resulta más barato que el transporte por camión o por ferrocarril y requiere menos combustible. Como contrapartida, la hidrovía exigirá dragar parte del curso de los ríos, y esto tendrá consecuencias ecológicas que no se han evaluado debidamente. No creo que la Seam esté en condiciones de evaluarlas, y viendo cómo se ha desempeñado en los años recientes, me temo que aceptará la política de Cartes. Esa política ha sido la de favorecer a ciertos grupos minoritarios empeñados en ganar la mayor cantidad de dinero a corto plazo y sin tomar en cuenta el daño ambiental.

La propuesta del Ejecutivo afirma que la hidrovía le conviene al Paraguay. Como el Paraguay no es un bloque monolítico, y tiene grupos con intereses más o menos respetables, hay que preguntarse: ¿a quiénes les conviene ese proyecto? Según un estudio de la oenegé Grain, el 70 por ciento de la carga transportada por la hidrovía serán granos, mayormente soja. Está de más decir que los sojeros son una minoría, y no se deben confundir sus intereses con los intereses del país. Puedo suponer que, facilitándoles el transporte por el río, deforestarán más y utilizarán más agroquímicos, que no nos favorece para nada.

El estudio de Grain está en internet, con el título de Los desastres que vienen por la hidrovía Paraguay-Paraná. Obviamente, Grain tiene sus reparos a la realización del proyecto, que exigirá quitar piedras del lecho del río Paraguay con explosivos con daño para la fauna y la flora, como para las poblaciones ribereñas.