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Sucesos
domingo 18 de junio de 2017, 01:00

“Estas fechas importantes pesan, voy a llorar mientras tenga lágrimas”

Hoy se cumple un año de la muerte de la pequeña Vivi en el operativo fallido y criminal de agentes de la Senad. Su papá recibe un doble golpe, ya que es su primer festejo del Día del Padre sin su pequeña.

Virgilio Cáceres

@VirgilioCceres

"'Dame el mejor regalo y levantate, mi hija', le dije en el hospital y recordar eso es doloroso y más aún porque este Día del Padre se cumple un año de la tragedia que marcó para siempre nuestras vidas", contó Miguel Paredes, agente policial, papá de la niña Viviana Paredes Zanotti, baleada en un procedimiento criminal de nueve agentes de la Senad en Nueva Italia.

Hoy se cumple un año de aquel fatídico día; Miguel y su esposa, Ana Romina Zanotti, recuerdan a su pequeña ángel, alejados del ruido, buscando escapar de los recuerdos que los atormentan.

DOLOR. "El recuerdo es muy fuerte y cuando se apodera de nosotros cuesta reponernos, por eso buscamos la forma de distraernos. Siempre decimos que aunque vengan miles de sicólogos no podrán borrar el dolor. Por más que vengan más hijos, no se puede borrar", refiere Miguel.

"Podemos decir que nuestra vida cambió para siempre. Alteró todo, porque el vacío que dejó y la herida que hay no se pueden cambiar. Nos aferramos en la soledad, en el silencio. Es mi primer Día del Padre sin ella", agregó. Tenía en la mano una fotografía, mientras que su esposa tomaba la alcancía que cargó con monedas para comprar el regalo el año pasado.

"Estas fechas importantes pesan, son como calvarios, siempre me va a pesar, porque soy más débil y no niego que lloro y voy a llorar a mi hija mientras tenga lágrimas, hasta el último día de mi vida. Solo eso me queda, llorarla y recordarla", expresa con tono frío y con la mirada casi perdida en el horizonte.

SUEÑO Y TRISTEZA. "Soñaba a mi hija, y me pedía que ya no lloremos más, que ella está bien. Siempre aparece hermosa y disfruto de ese sueño, pero al volver a la realidad, aparece el dolor, que es eterno y que voy a sentir hasta el último día de mi vida. El peor dolor que puede existir es enterrar a una hija. Hasta ahora no creo, me levanto y la busco en su cama", continúa diciendo.

"Hasta ahora siento impotencia porque no pude salvarla, estaba en Itacurubí con mi papá para pasar el Día del Padre, pero me llamaron y me dijeron que mataron a mi hija. Quedé sorprendido porque dos horas antes estaba hablando con ella y me decía que me quería mucho. Me puso de cabeza la vida, la alegría en el semblante se me borró. Ya no me río más", cuenta el joven padre.

DESESPERANZA. "Siempre me pregunto por qué no pasó eso conmigo, yo ya viví muchos años. Uno ya no se puede despertar a la mañana y decir que es un lindo día porque todo murió para mí. Pasamos por una etapa muy difícil, había noches que no podía dormir y me aferré al alcohol, no me importaba nada, mi trabajo, mi vida", confesó.

"Quise quitarme la vida (...). Durante ocho meses me enojé con Dios, creí más en el diablo que en él. Recobré mi fe, pedí perdón, creo en él y ahora como cristiano trato de hacer bien las cosas para que en algún momento, me vuelva a encontrar con mi hija, para que me reciba con los brazos abiertos, como siempre lo hizo", dijo además, notablemente afectado.

Asegura que por ahora no puede perdonar a los agentes que atacaron a tiros la camioneta de sus suegros en aquel fallido procedimiento de los antidrogas, que además de matar a la pequeña, hirieron al tío de la menor de edad, Alessandro Zanotti.

JUSTICIA. "Mi corazón va a descansar el día en que escuche la condena de los nueve agentes (de la Senad). Iré al cementerio y voy a decir a mi hija que ya puede descansar en paz, porque hasta ahora no la dejo descansar, para mí ella vive, vive en mí, está conmigo", refirió.

"No me gustaría hablar con los agentes, porque no hay excusa, el dolor que me causaron no tiene precio, no les quiero ver, no les voy a perdonar. Ahora mismo, no, pero dejo en manos de Dios, porque la justicia divina existe y esa pesa más", manifestó además, contundentemente.

La pareja de jóvenes tratan de aliviar su dolor compartiendo más juntos y realizando actividades que distraigan sus mentes. "Ahora nos dedicamos con mi señora a apoyarnos. Vamos a la iglesia, rezamos más. A Vivi le tenemos como un ángel, le hablamos, le rezamos. Siempre pienso en todo lo que vivimos, porque me dedicaba a ella en vez de dormir. Ella levantaba la sábana y me decía que quería jugar, entonces renunciaba al cansancio y le daba mi tiempo. A mi hija le di todo y por eso tengo la conciencia tranquila", señaló.

LECCIÓN DE VIDA. "Mi hija me enseñó que hay que vivir la vida minuto a minuto, que hay que disfrutar con la familia, y no debe haber cansancio, lluvia ni calor. Vivi me dio amor eterno. Por eso, ahora tratamos de no pensar en lo malo y esperar la bendición de tener un hijo. Estamos buscando, pero si no viene, no me voy a enojar porque Dios ya me dio la oportunidad de ser papá, fue el regalo más hermoso. Ella fue, es y será todo para mí porque fue ella quien me enseñó a ser papá", indicó.

"Aprendimos que el tiempo no se recupera más. Hay que valorar a la persona que te dedica su tiempo, porque el tiempo es único. No vuelve", reflexionó al tiempo de contar que el regalo que recibió de su hija fue dos boxers que hasta ahora no usa y que guarda como recuerdo al igual que sus fotos, su primera ropita, su muñeca, su figura de Pepa y sus audios de voz", añadió.

TESTIMONIO. Ana Franco de Zanotti, abuela de Vivi, estuvo en la camioneta acribillada por agentes de la Senad. Relató la forma salvaje en que actuaron los agentes especiales.

"Vinieron como leones, estaban furiosos, parecía que nos iban a pasar encima con la camioneta. Dimos paso y empezaron los disparos, hirieron a mi hijo, sentí que me bañaba en sangre y lo único que pude decir tres veces fue 'Dios mío...'. Fueron balazos que por milagro no acabaron con nosotros", recordó.

"Hoy, tratamos de buscar ayuda espiritual porque lo que nos pasó es una tragedia demasiado grande. Siento que mi corazón sangra de dolor, no podemos mirar la foto de Vivi, no podemos tocar sus juguetes", aseguró la mujer, también marcada por el caso.

"Vivi es milagrosa, la abuela de una niña de 12 años fue a decirnos que pedía en oración a Vivi para interceder por su nieta que no podía hablar. Luego fueron a visitarnos con la niña y pudo pronunciar varias palabras y conocer en fotografía a nuestra pequeña", contó con dolor doña Ana.