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Opinión
martes 29 de noviembre de 2016, 01:00

¡Ese bendito celular!

Samuel Acosta – En Twitter @acostasamu
Por Samuel Acosta

Eran las 20.36 y Rodrigo abría el portón de la casa. La camisa húmeda cargaba más que solo sudor, traía consigo el testimonio de todos los líos que conlleva un día pesado en el trabajo, sumado a ese interminable viaje en colectivo.

Dejó sus llaves sobre la mesa, se quitó el zapato y se tiró sobre el sofá. En su mano derecha el celular vibraba y él no dejaba de responder los mensajes en el WhatsApp.

Doña Chela, la abuela, le pidió que se cambie y venga a la mesa para cenar. Carlitos, el hijo de ocho años de Rodrigo, le contó algo que había hecho en la escuela; pero él escuchaba a medias sin dejar de mirar la actualización de su cuenta en Twitter.

Llegó Estela, esposa de Rodrigo, y junto con la abuela y el nene se sentaron a la mesa. Estela y Rodrigo no soltaban el aparato móvil mientras comían hasta que en un momento, fastidiada por la escena, la abuela dice: "¡A la pinta... dejen ya ese bendito celular!".

¿Le parece conocida esta escena? Imagino que sí.

Hace una semana, Estadística y Censos reveló resultados de la primera encuesta sobre el uso del tiempo de los paraguayos e indica que, en promedio, tanto los hombres como las mujeres pasamos casi diez horas a la semana conectados a algún tipo de medio de comunicación.

Esta cifra no me llamaría tanto la atención si no fuera porque, en contrapartida, revela que invertimos en promedio apenas cinco horas en toda la semana para pasar tiempo –sin ningún tipo de interrupción– con nuestros hijos de 6 a 14 años. Justo en ese periodo de sus vidas en que más necesitan de nuestro apoyo para su formación.

Los hombres tenemos los peores registros. Invertimos en toda una semana menos de dos horas para sentarnos a mirar sus tareas, leerles un libro, jugar o simplemente conversar con ellos. Nuestro apoyo en los quehaceres de la casa se limita a lo sumo dos horas en toda una semana, mientras que las mujeres lo hacen hasta dieciocho horas.

Alguno dirá, con los hijos no importa la cantidad, sino la calidad del tiempo. Es una media verdad. Ambas cosas son igual de importantes.

El dinero, amigos, trabajo son cosas que usted hoy puede perder para mañana volver a recuperarlos. Pero el tiempo, ese lapso de vida tan breve que tendrá para formar sus hijos, pasará una sola vez.

"Mi papá nunca me habló, no tengo muchos recuerdos", escuché tantas veces en adolescentes con problemas.

Ojalá que el regaño de la abuela diciendo: "dejen ya ese bendito celular" nos sirva para reflexionar sobre qué tiempo estamos invirtiendo en las cosas que realmente importan.