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Opinión
lunes 28 de noviembre de 2016, 01:00

En torno a El valor de educar

Sergio Cáceres Mercado – sergio209@lycos.com
Por Sergio Cáceres

El valor de educar es un libro que a pesar de sus años, es extremadamente recomendable para docentes y todos aquellos a quienes interesa el tema educativo en general. Acá quiero rescatar algunas ideas de la parte final de dicha obra de Fernando Savater.

Savater culmina su libro proponiendo que la tarea educativa tiene como misión esencial enseñar lo que hay de humano en todos nosotros, es decir, las raíces que nos unen por encima de nuestros accidentes culturales. Esta búsqueda de lo común en todos nosotros no es para nada una apuesta esencialista, sino más bien una aceptación de los rasgos comunes que nos acercan antes que alejarnos. Estos rasgos no pretenden ser impuestos, sino apenas sugeridos por nuestro filósofo: "El uso del lenguaje y de los símbolos, la disposición racional, el recuerdo del pasado y la previsión del futuro, la conciencia de la muerte, el sentido del humor, etcétera, en una palabra, aquello que nos hace semejantes y que nunca falta donde hay hombres".

Tales rasgos son lo bastante amplios para albergar todas las posibilidades imaginables en cualquiera de las manifestaciones culturales, es decir, lejos de su intención está algún atisbo de etnocentrismo. Sin embargo, en un aspecto no transige: "Me parece que el ideal básico que la educación actual debe conservar y promocionar es la universalidad democrática". Esta apuesta por la democracia apunta más bien hacia lo que suele denominarse la cultura democrática, es decir, más allá de sus formulaciones formales a lo que se apunta es al aspecto isonómico, de igualdad en la diversidad.

En términos de la filósofa Chantal Mouffe, podríamos decir que Savater rescata más bien lo político de la democracia antes que la política democrática, a sabiendas de que lo uno irremediablemente conjura a lo otro, afirma.

Esta cultura democrática es algo a lo que la educación no puede renunciar jamás, sino que es el norte al que debe apuntar siempre. Toda propuesta educativa que promueva otro tipo de convivencia humana, por ejemplo, el fascismo, el feudalismo o la monarquía, le parecen a Savater un retroceso ante el cual no debe cederse. La democracia –imperfecta como es– ha costado demasiado sudor y lágrimas a lo largo de la historia para que sus logros sean rendidos frente a, por ejemplo, un relativismo cultural que sugiere igual trato hacia otras manifestaciones humanas que son abiertamente antidemocráticas.

De este modo, Savater pretende encontrar el denominador común a toda tarea educativa: "Me parece que el ideal básico que la educación actual debe conservar y promocionar es la universalidad democrática". Más allá de toda pedagogía y de toda teoría del aprendizaje, más allá de cualquier política curricular, la educación debe promover la idea de que todos somos iguales, según ciertos derechos inalienables.