13 jul 2026

Emplear a refugiados sirios, la oportunidad para vivir dignamente en campos

Conseguir emplear a los refugiados sirios para salir de la tediosa rutina que viven en el campo jordano de Zaatari, el segundo más grande del mundo y a 85 kilómetros al noreste de Ammán, es un rayo de esperanza para que puedan vivir dignamente en esa zona desértica.

refugiados

Vista de un mural en una zona de oficinas en el campo de refugiadosde Zaatari, en Jordanía. Foto: EFE.

EFE.

La primera oficina de trabajo recientemente creada en el campo de Zaatari, establecida conjuntamente por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) y el Gobierno jordano, ya empleó a unos 1.800 sirios desde su inauguración oficial el pasado 16 de julio.

El sector de la agricultura y la construcción son los más demandados, según explica a EPA -agencia internacional participada por Efe- la responsable de comunicación externa de ACNUR, Marwa Hashem.

“Estas estadísticas dependen de los permisos de entrada y salida registrados. El número puede ser de más de 1.800, porque algunos de los refugiados no se escribió en el sistema”, asegura.

Muchas de las personas que viven en el campo, hogar de unos 80.000 sirios que huyeron de la guerra en su país desde 2011, están pidiendo obtener estos permisos de trabajo “porque facilita su movilidad -entrada y salida del campo- y les permite ganar dinero, por lo que les da dignidad”, aduce Hashem desde el campo.

No importa en qué sector, lo único que quieren es estar empleados, por lo que los trabajadores sirios piden para trabajar “ya sea en la agricultura o la construcción” o donde se pueda.

Por otro lado, Laura Buffoni, la responsable de ACNUR dedicada a supervisar el modo de vida en los campos jordanos, apunta a EPA por teléfono que la oficina de trabajo en Zaatari es la primera oficina de empleo para los refugiados sirios, “algo nuevo” para ellos en la región.

“Tal proyecto ya ha tenido lugar en los territorios palestinos, pero, para los sirios en los campamentos de Oriente Medio, es la primera vez”, dice Buffoni.

Adelanta que “muy pronto” abrirán “otra oficina de empleo en el campo de refugiados de Azraq”, también en Jordania, donde habitan alrededor de 36.000 sirios.

“Ellos (los refugiados sirios) están muy orgullosos de que el Gobierno jordano, la OIT y el ACNUR se hayan reunido y hayan encontrado un modo de trabajar en esto y lograr que suceda”, explica.

En 2016, Jordania se convirtió en el primer país árabe en expedir permisos legales de trabajo para los refugiados sirios, siguiendo el compromiso que asumió en una conferencia en Londres de reducir las barreras al empleo legal de refugiados.

Sin embargo, este paso provocó la cólera de ciertos sectores en el reino hachemita, porque la mano de obra jordana se enfrenta a una tasa de desempleo de más del 15 por ciento.

“La oficina de trabajo proporciona servicios generales de empleo a los refugiados sirios, incluyendo consejos vocacionales, cursos de entrenamiento, servicios de marketing y permisos para trabajar en el sector agrícola y de la construcción”, asevera Mohamed al Azam, experto de la OIT que trabaja en talleres vocacionales.

Afirma que es “muy raro” que haya graduados universitarios entre los refugiados sirios que se encuentran en el campo, “la mayoría de los sirios tienen educación primaria y secundaria”, precisa.

No obstante, no hay ningún obstáculo para el que quiera trabajar, pues “quienes están cualificados deben asistir a un curso de cuatro días de la OIT y pasar una prueba antes de recibir un permiso de trabajo para realizar una determinada ocupación”, indica.

Al Azam agrega que el número de mujeres sirias representa entre el 5 y 6 por ciento del número total de trabajadores sirios.

“La mayoría de las mujeres trabajan en la agricultura ya que provienen de las zonas agrícolas del sur de Siria y no necesitan ningún otro tipo de cualificación para trabajar en ese sector”, arguye.

La mayoría de los refugiados sirios que obtuvieron permisos de trabajo realizan faenas ahora en las provincias de Mafraq e Irbid, en el norte y el noreste del país

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