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Opinión
lunes 19 de junio de 2017, 02:00

El vaciamiento de izquierda a derecha

Sergio Cáceres Mercado – sergio209@lycos.com
Por Sergio Cáceres Mercado

Eric Hobsbawm, a quien con justicia se recordó en este mes, decía al final de un libro de entrevistas que lo más importante de su militancia política en el Partido Comunista fue haber defendido unos principios de los cuales nunca renegó. Admitía que a lo largo de tal militancia cometió errores y que comprendió que sus creencias podían sesgar su trabajo como historiador, por lo que algunos temas simplemente no los investigó para así mantener su integridad como científico social. De lo que más temía del siglo XXI, afirmó, era que el individualismo se había apoderado de las personas y que ya nadie estaba dispuesto a defender principios de justicia social y solidaridad. Tantos ejemplos tenemos para darle la razón a aquel viejo historiador que nos dejó a los 95 años en el 2012, un nuevo siglo que se venía egoísta y ciego ante las necesidades del prójimo.

Lo de Hobsbawm se aplica al Paraguay de hoy. La semana pasada nada más fuimos testigos de cómo un ala importante de la izquierda paraguaya se ratificaba en algo que ya sabíamos hace muchos años: que no defienden para nada los principios que los enunciados generales de sus respectivos partidos políticos afirman sostener. En un día de mucho simbolismo para tal grupo político, se aliaron a sus propios verdugos para sellar un pacto que, entre muchas cosas, indicaba que eran iguales a sus aliados en cuanto a bajeza moral.

Es cierto que tales tratos son parte del realismo político que indefectiblemente debe aceptarse cuando uno ocupa cargos públicos. Se afirma que el luguismo tranzó con el cartismo y el llanismo a cambio del impuesto a la soja, elemento que siempre está dentro de las reivindicaciones de la izquierda. Y hay que ser honestos y admitir que sin negociaciones con los que son de la línea opuesta a nuestro pensamiento no se puede lograr nada en política, a no ser el ostracismo o el residualismo político como le ocurre justamente al Partido Comunista y otros similares de la izquierda, o el Partido Patria Querida en la derecha.

Sin embargo, el realismo político no debe implicar necesariamente el despojarse de todo principio ético. Aunque la línea que separa a ambos sea muy delgada y que la fuerza que puede empujarnos a traspasarla sea muy poderosa, lo que diferencia a estadistas de simples politiqueros oportunistas es justamente el haberse mantenido fieles a sus ideas-fuerza, a aquellos ideales que los definen ya no solo como políticos o funcionarios del Estado, sino como personas de bien.

La gran desazón de la semana pasada proviene de esta falta de escrúpulos de nuestra cada vez más sucia clase política. En cuanto a la izquierda, el desafío por renovar sus cuadros es cada vez más acuciante. La derecha tiene el mismo problema hace mucho tiempo, pero a sus acólitos parece no preocuparles mucho el vaciamiento moral de sus representantes viendo cómo narcos y mbatarases copan sus partidos. La izquierda va en caída libre hacia lo mismo.