23 may. 2026

El Torno, pueblo modelo contra el cambio climático

En 2010 el pueblo de El Torno, en el departamento colombiano de Sucre, norte del país, fue gravemente afectado por una inundación que destruyó cultivos y casas, pero hoy esta comunidad de 600 habitantes es un ejemplo de resiliencia y adaptación al cambio climático de forma sostenible.

Pescadores realizan su faena en el río San Jorge este 23 de abril de 2017, en el corregimiento de El Torno (Colombia). EFE

Pescadores realizan su faena en el río San Jorge este 23 de abril de 2017, en el corregimiento de El Torno (Colombia). EFE

EFE

“Este pueblo ha renacido totalmente desde las lluvias torrenciales que casi lo destruyeron en 2010", aseguró a Efe la responsable del proyecto de adaptación de la zona al cambio climático de Naciones Unidas, Diana Díaz.

Desde 2013 el Ministerio de Medio Ambiente y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) trabajan codo a codo con los líderes comunales de esta cálida región colombiana para transformar la fisonomía de la zona y preparar a sus habitantes frente a las adversidades del calentamiento global a través de planes agrícolas, de vivienda y de formación multidisciplinar.

“Nunca podremos evitar los fenómenos naturales, pero sí que podemos reducir su impacto sobre la población”, sostiene Díaz, psicóloga con corazón de cooperante que ha estado en escenarios tan hostiles como Haití después del terremoto de 2010 y que trabaja en Colombia, que ayer celebró con el resto del mundo el Día de la Tierra.

Entre otras acciones, el PNUD ha recuperado cultivos y semillas tradicionales que resisten inundaciones, sequías y plagas, ha creado viviendas adaptadas a las inclemencias climatológicas y ha puesto en marcha una ambiciosa red de estaciones hidrológicas que advierten a los habitantes cuando el río San Jorge empieza a ser una amenaza.

Por desgracia, estas innovaciones no existían en 2010 cuando se produjeron unas inmensas inundaciones que a pesar de causar pocas víctimas mortales, afectaron a 211.000 personas de la región de La Mojana, destruyendo cultivos, ecosistemas y más de 20.000 viviendas.

Desde entonces, el Ministerio de Ambiente y el PNUD, en cooperación con los entes locales, iniciaron un plan piloto para evitar que más desastres así se produjeran en la zona que se ha convertido en un ejemplo de buenas practicas de prevención de desastres.

“Con proyectos como este, valorado en unos ocho millones de dólares, se evitan tragedias como la avalancha de Mocoa del mes pasado (que dejó más de 300 muertos). Los desastres no son naturales, son sociales y políticos”, advierte Díaz mientras muestra orgullosa los bosques plantados por las comunidades alrededor del río San Jorge, que regulan su cauce a la vez que ofrecen fruta y pasto para el ganado.

Una de las características del proyecto es la estrecha relación entre sus impulsores y los líderes locales que han aportado ideas y el compromiso de las comunidades, a menudo aisladas del resto de la región e invisibles para las administraciones.

“La emergencia de 2010 fue una cosa catastrófica, impactó en toda la zona. Antes cada uno hacía lo suyo, pero hoy vivimos más tranquilos porque todos sabemos qué hay que hacer si eso se repite”, explicó a Efe el líder comunitario de El Torno, Manuel Antonio Madera.

Según relata el responsable de esta comunidad, se han restaurado bosques que en menos de dos años ya están dando frutos y se ha diversificado la economía local.

Ahora, los habitantes de El Torno ya no dependen únicamente de la pesca artesanal, tan bella como peligrosa, pues a menudo la captura está contaminada con el mercurio vertido por la minería ilegal que se hace río arriba.

Otra de las joyas de la corona del proyecto es la casa sostenible y cien por cien resistente a las inundaciones erigida en medio de la localidad y que ahora habita Neida Zambrano con su familia.

“Antes vivía en una casa de zinc y palma que se estaba cayendo. Cuando llovía era como estar fuera. Ahora tengo la mejor casa de todo el pueblo”, afirma orgullosa Zambrano mientras muestra su humilde morada, elevada un metro del suelo, lo cual la protege de las inundaciones.

Sin embargo no todas las iniciativas de adaptación han sido igual de positivas. Tras las inundaciones de 2010, que afectaron enormemente al sector ganadero, muchos pastores sustituyeron sus reses por búfalos africanos de agua, mucho más resistentes a los climas inundables pero perjudiciales para el ecosistema.

“La prevención siempre es más económica que la gestión de emergencias y la reconstrucción de territorios enteros”, resuelve Diana Díaz, quien apuesta por el respeto a la naturaleza como única alternativa posible para la vida en paz en las comunidades “anfibias” dispersas por toda Colombia y por buena parte de América Latina y el Caribe.

Miquel Vera

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