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Mundo
jueves 10 de noviembre de 2016, 04:12

El primer musical sobre Juan Pablo II se estrena a ritmo de rock sinfónico

Praga, 10 nov (EFE).- "De profesión Papa". Así se llama el primer musical sobre Juan Pablo II, una obra que se estrena hoy en Eslovaquia y que homenajea a Karol Wojtyla con un recorrido por su vida a ritmo de rock sinfónico y mucho baile.

El primer papa eslavo es "una de las personalidades más relevantes y que realmente cambió la situación política, social y religiosa del mundo en el siglo XX", explica a Efe Gabriela Kovacova, portavoz del teatro Andrej Bagar de la ciudad de Nitra, donde se estrena la obra.

El musical, que dura tres horas, comienza con un ritual al final de su pontificado, ya en el lecho mortuorio, en el que Wojtyla (Polonia, 1920 - Roma, 2005) recuerda su vida.

Luego aparece como un carismático líder juvenil, su tiempo como capellán en la ciudad polaca de Cracovia y su ascenso en la jerarquía como obispo, cardenal y luego pontífice, hasta volver de nuevo a los momentos finales, donde comenzó el espectáculo.

Lo que este musical quiere, de acuerdo con el título, es "mostrar a un público amplio en que consiste el oficio de papa", según el autor del libreto, el prosista y poeta Daniel Hevier.

En los textos de este musical, Hevier se toma la libertad de la ficción y aparece como personaje la madre del papa después de morir, y también el diablo y personificaciones del mal.

"Es un texto apto para cualquier público, sin perjuicio de sus creencias o falta de ellas, ya que es el relato de un hombre con el que te puedes identificar", explica a Efe el libretista.

El joven Wojtyla es interpretado por dos actores, ambos tenores, y el que le encarna en la madurez es el eslovaco Ján Gallovic.

La base musical de esta obra es el rock sinfónico, aunque también contiene piezas de cabaré, duetos amorosos, antiguas corales eslavas y música religiosa.

El Andrej Bagar es uno de los auditorios más avanzados de Eslovaquia y en la puesta en escena se emplean proyecciones de sitios reales en los que vivió Wojtyla y un sofisticado sistema de bastidores para cambios de escena y ambientación.

Por el escenario desfilan momentos dramáticos como el estado de excepción en Polonia decretado por el general Wojciech Jaruzelski en 1981, cuando arreciaban las protestas del sindicato "Solidaridad".

Y también los peligrosos viajes del pontificado, desoyendo el consejo de asesores; el intento de asesinato cometido por Ali Agca en 1981 y cómo Wojtyla lo perdonó y ayudó tiempo después a su madre; o la agonía final, cuando no podía hablar y se comunicaba con las manos.

Karol Wojtyla fue uno de los nombres clave en la unificación de Europa tras la caída del Telón de Acero, algo que también queda registrado en el libreto.

"Indudablemente, fue una persona decisiva en la caída del Muro de Berlín y en el fin de una Europa dividida. Esto es un aspecto importante de nuestro espectáculo", explica a Efe el realizador, el polaco Jerzy Jan Polonski.

La vida de Wojtyla "es un material ideal para un musical, porque nada llega tanto al hombre como la música, y nada es tan buen vehículo de expresión como el baile".

Polonski espera que el publico acoja bien la obra y confía también en que le guste al propio papa.

"Lo que es interesante es que el papa nos oye desde arriba, nos escucha, y sería bonito que nos dijera 'Bravo, actores, está bien lo que habéis hecho'", señala.

Además de director, Polonski, de 37 años, es actor y artista de cabaré, una de las facetas que más explota en este musical, donde trabajan 32 actores y 21 bailarines profesionales de la compañía LUK Dance.

Al ser Wojtyla una persona tan venerada en su Polonia natal, "nadie allí se atrevió a dedicarle un musical", apunta por su parte el dramaturgo Svetozár Sprusanský.

La obra tiene música de Gabo Dusik y libreto de Daniel Hevier.

Dusik, de 55 años, lanzó en los años 80 el grupo Gravis, una de las bandas eslovacas de pop lírico más exitosas de entonces, con títulos como "Lady" o "Daruj mi nejkrajsi den" (Regálame tu día más bonito).

Es también autor de musicales como "María Antonieta" (2009) o "Quo Vadis" (2011), y ha compuesto canciones para una pléyade de artistas checos y eslovacos, entre ellas la partitura que representó a Eslovaquia en el festival de Eurovisión de 1998.

Gustavo Monge