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Opinión
miércoles 1 de febrero de 2017, 02:00

El insulto a México

Guido Rodríguez Alcalá
Por Guido Rodríguez Alcalá

"Que no venga a verme si es que no va a pagar el muro", dijo en un tuit Donald Trump. El aludido replicó en otro tuit que suspendía su viaje a los Estados Unidos para verse con su homólogo norteamericano. No entiendo ese insulto a Enrique Peña Nieto, que es un insulto a México; en rigor, es unir el daño al insulto y no por primera vez. A causa de los tuits del presidente norteño, la empresa Ford desistió de montar una fábrica en México. Las pérdidas para la Ford se estimaron en 200 millones de dólares; no sé cuántos empleos se habrán perdido en México. Tuits del mismo tenor y origen amenazaron a General Motors y a Toyota; la consecuencia inmediata ha sido la devaluación del peso mexicano.

Debilitar la moneda puede debilitar la economía, que tendrá consecuencias políticas y sociales indeseables.

Esto es precisamente lo que no se debería hacer ahora, cuando el Gobierno mexicano libra una encarnizada lucha contra el terrorismo de las bandas de narcotraficantes, responsables de más de cien mil muertes.

En la frontera de México y los Estados Unidos existen ya mil kilómetros de vallas vigiladas por drones y guardias armados; cambiar el alambre tejido por cemento no detendrá a los narcos, que han utilizado armas y bancos norteamericanos para realizar sus propósitos criminales.

Por otra parte, ¿puede un decreto del Ejecutivo anular un tratado internacional? Me refiero a NAFTA, firmado por los Estados Unidos, México y Canadá en 1994. Trump piensa que sí puede hacerlo, y lo ha dicho en su entrevista con Theresa May: lo anulará porque, al negociarlo, México engañó a los Estados Unidos. Falso. NAFTA fue una idea norteamericana concretada durante la administración de Clinton, con la justificación de que daría prosperidad a los tres países signatarios; que pondría los salarios de los trabajadores mexicanos al nivel de los norteamericanos. Falló el pronóstico: desde 1994 hasta hoy, México creció menos que entre 1960 y 1980. Los ingresos reales de sus trabajadores bajaron, como bajaron los de los norteamericanos.

A poco de firmarse NAFTA, el peso mexicano tuvo una tremenda devaluación, y quedó demasiado ligado a los altibajos financieros de Wall Street, incluyendo el gran fraude de 2008. México se vio obligado a restringir la ayuda a sus agricultores y a recibir el maíz norteamericano subvencionado, que llevó a la ruina a millones de agricultores (algunos dicen cinco millones). Es difícil no ver una relación entre la supresión de los programas sociales, el empobrecimiento de los campesinos, y el surgimiento del narcotráfico como una fuente de empleo. Lo han dicho los propios mexicanos, descontentos con NAFTA, como hay descontento mundial con TPP y otros tratados de libre comercio. Concuerdo con que se los debe renegociar o archivar, pero según el derecho internacional, no según el colonialismo decimonónico.