24 de septiembre
Viernes
Parcialmente nublado con chubascos
17°
21°
Sábado
Chubascos
17°
25°
Domingo
Parcialmente nublado
21°
31°
Lunes
Parcialmente nublado
19°
31°
Avatar
Avatar
Bienvenido,
Cerrar Cerrar
Cerrar
Login/Registración
Búsqueda
Cerrar
Opinión
lunes 11 de septiembre de 2017, 01:00

El Gobierno teológico

Blas Brítez – @Dedalus729
Por Blas Brítez

Aldo Trento se lleva muy bien con el poder. Se lo suele ver al lado de presidentes del Congreso y de la República. En febrero de 2013, a instancias del entonces senador colorado Orlando Fiorotto, por ley del Congreso de la Nación se le concedió la ciudadanía paraguaya honoraria, aunque él afirmó esta semana que "hace 28 años" que es paraguayo. El liberal Federico Franco lo recibió en Mburivicha Róga para entregarle sus nuevos documentos. El presidente del golpe parlamentario (apoyado por la jerarquía eclesiástica) elogió entonces la labor de la fundación y la clínica que dirige el italiano nacido en el Véneto y llegado a Paraguay en 1989.

A pesar de que se suele atribuir el éxito de los emprendimientos humanitarios de Trento al apoyo de "benefactores anónimos, a las ayudas de los feligreses y a la caridad de todas las personas de buen corazón" (ABC, 12 de noviembre de 2009), el Estado paraguayo tiene su cuota de aportes. En 2014, eran 1.250 millones de guaraníes lo que le asignaba el Presupuesto General de Gastos de la Nación. Otro liberal, Blas Llano, lo recibió el 11 de noviembre de 2014 en su calidad de presidente del Congreso. Trento pedía un aumento de 1.000 millones. Según la planilla de transferencias del ejercicio fiscal 2017 que obra en Hacienda, su fundación recibe, efectivamente, 2.250 millones al año.

Sin embargo, él parece no ver la mano del Estado por ningún lado. "Hacemos el trabajo que el Estado debería haber hecho", dijo en agosto de 2014. En materia de gestión social, es común encontrar que iniciativas privadas, con apoyo estatal, suplanten al Estado. Sobre todo en lo que solía llamarse Tercer Mundo, depauperado por la corrupción y el neocolonialismo económico. Ocupar el lugar de lo público (desplazando el sentido de derecho) es un negocio, como sucede en la medicina.

En enero del año pasado, el abogado Roberto Améndola denunció que el delegado de la Procuraduría General de la República, Víctor Arriola, exigió a su cliente –ganador de un pleito al Ministerio de Relaciones Exteriores– la quita del 20% del monto. O no había cobro. Améndola mostró mensajes de WhatsApp en los que, supuestamente, Arriola invocaba el nombre de Horacio Cartes como destinatario de la "comisión". El abogado aseguró que Arriola dijo que el "10% (era) para el padre Aldo Trento y 10% para un hogar de ancianos", según informó ÚH el 8 de enero de 2016. La PGR negó las acusaciones. Días antes de ellas, la institución pública donó sillas de ruedas a la Fundación San Rafael.

Esta semana, Cartes inauguró mejoras en una de las escuelas del sacerdote. Eso (y el dinero del Estado) le valió que Trento lo elogiara y llamara "engendros del diablo" a sus opositores.

Hace rato ya que la política se ha inflamado de teología.