Nicanor tenía razones para dejar la embajada que fue una especie de exilio dorado. Era el político más cercano a los Kirchner y por ello eligió el vecino país para estrenar traje diplomático. Desalojada Cristina Fernández tras las últimas elecciones, su permanencia iba a ser ineficaz. Ya no tenía nexos con la Casa Rosada.
Además, problemas familiares lo obligaron a adelantar su retorno al país.
Pero, sin duda, la actividad política es la razón principal y así lo dejó en claro tras presentar su renuncia al presidente Horacio Cartes: “Deseo de estar de vuelta en nuestra tierra, de conversar con los amigos, de construir un espacio en el que podamos debatir los temas que nos interesan”.
La pregunta es a qué viene Nicanor.
EL ESCENARIO COLORADO. Aunque el calendario electoral del 2016 esté vacío, eso no significa que no haya intensa actividad política, más aún en la ANR, un partido en erupción permanente.
Es justamente este escenario el que alimenta los rumores sobre posicionamientos y precandidaturas de cara al 2018.
Apenas desembarcó en el país, empezaron las especulaciones sobre el rumbo que tomaría el ex presidente. La disidencia más dura, encarnada en el senador Julio Velázquez, fue la que más aplaudió. “Su presencia genera una expectativa que es saludable para la suerte del partido”, dijo y marcó las diferencias entre el ex embajador y Cartes: “Por el desinterés y desprecio que tiene el Gobierno hacia la dirigencia, muchos ya están en contacto con Nicanor”.
Él no habló mucho, pero por lo poco que dijo, aparenta que transitará el camino paralelo al del presidente. Negó (por ahora) un proyecto personal porque es “tiempo de construcción de entendimiento”.
Otra señal de su activismo es su participación en las redes sociales. Desató debates en Facebook y estrenó Twitter. Allí también marcó distancia con la cúpula actual de la Junta de Gobierno. “El partido colorado le ha dado la espalda a su base social histórica, a los trabajadores, los estudiantes, los grandes emprendedores”, escribió.
Su participación, en principio, será auscultar la realidad colorada, los puntos débiles de la gestión cartista, de los que ya tiene una larga lista. ¿Se unirá al reclamo de esa disidencia dura que rechaza a no colorados en el Gabinete y quiere mantener ese Estado prebendario y clientelar?
UN PLEITO PENDIENTE. Aun cuando no está definido el rol de Nicanor, hay un tema pendiente que le afecta. La prohibición de la reelección, en caso de que pretenda probar nuevamente popularidad dentro del partido y sacarse el estigma del “mariscal de la derrota”. Él siempre estuvo de acuerdo con la reelección. En tanto Cartes no defina su situación, este tema seguirá en duda. Aunque él haya negado aspiraciones, los pretendidos precandidatos no se animan aún a tirarse al ruedo porque esperan que el presidente se defina o defina preferencias. Cartes es el gran elector; por tanto, es palabra santa. ¿Está auscultando votos en el Congreso, como asegura el senador Carlos Amarilla? Si así fuese, quizá el PLRA sea el único que se oponga porque el Frente Guasu necesita derribar barreras constitucionales porque su único candidato, Fernando Lugo, tiene la misma traba jurídica. Desatado el nudo legal, beneficiará a los tres. De no prosperar, Lugo y Nicanor (y Cartes, tal vez) seguramente pelearán por una banca en el Senado.
Si se anota en las ligas anticartistas, estos habrán ganado un aliado de peso. El ex presidente tiene discurso y capacidad de rearmar equipos, especialmente de los desheredados del poder. Hoy, Cartes no tiene un adversario de talla que cuestione su liderazgo y su gestión. Por ello, Nicanor puede ser una piedra en el zapato. Coincidencia o no, el presidente hizo cambios en el Gabinete. De dos ministerios, en uno ya ingresó un dirigente político. Juan Carlos Baruja es el primer operador colorado en el Gabinete en dos años y medio de gestión. Dirigirá el politizado y poderoso Ministerio de Agricultura.
Cartes necesita este año gestión eficaz para contrarrestar las críticas que irán creciendo y ganando adeptos a medida que el electoralismo se imponga en la agenda. Su ventaja es que Nicanor es enemigo de sí mismo, que cuando aprieta el acelerador no sabe cómo moderar la velocidad de sus acciones y su lenguaje. Y, por supuesto, una gestión como presidente que arrancó bien y terminó nada menos que con la derrota histórica del Partido Colorado porque al igual que un emperador, digitó una candidatura que llevó a la llanura a la ANR.
¿A qué viene Nicanor? Sin duda, a alborotar el escenario, más allá del equipo en el que elija jugar.