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domingo 30 de julio de 2017, 01:00

El empleo debe ser una prioridad para el Gobierno

En las últimas dos semanas se dieron a conocer dos documentos de organismos internacionales que deberían alarmar a la ciudadanía y a las autoridades. La situación del empleo en Paraguay debe ser atendida con urgencia. El trabajo infantil y adolescente peligroso, las desigualdades de género, la informalidad y precarización y la reducción de los ingresos e incluso el trabajo forzoso son algunos de los hallazgos que deben ser enfrentados por las políticas públicas. Es impensable que estos problemas persistan en un país luego de años de crecimiento económico.

El trabajo es importante porque genera los recursos económicos que necesitan las familias para llevar un nivel de vida adecuado. En Paraguay, los ingresos laborales son la principal fuente de ingresos de las personas.

Para los jóvenes, la transición de la juventud a la adultez se produce a través del acceso a un trabajo y el logro de su autonomía económica. La falta de un trabajo digno puede llevar a conductas por fuera de la ley, no solo por la necesidad económica sino también por construir ese proceso de transición, aunque el mismo sea rechazado socialmente.

Para las mujeres, el acceso a un empleo contribuye a su independencia, a aumentar sus posibilidades de participación social y política y a tomar decisiones que les afectan de manera autónoma.

La inserción laboral en condiciones adecuadas permite a las personas adultas mantener a sus familias sin la necesidad de que estas recurran al trabajo infantil y adolescente, que además tiene como contrapartida la deserción escolar o la migración a edades tempranas. Estas situaciones les exponen a altos niveles de riesgo en materia de violencia y adicciones.

A pesar de la relevancia del trabajo para la construcción de una sociedad cohesionada y con calidad de vida, las políticas públicas para mejorar las condiciones laborales son casi inexistentes. El problema se agudiza si se considera el largo plazo.

En estas condiciones, estamos construyendo un país que no tiene futuro. El crecimiento tarde o temprano encontrará obstáculos, la pobreza no disminuirá y difícilmente podremos llegar a estadios de desarrollo y bienestar del que podremos estar orgullosos como paraguayos.

Las políticas laborales casi no existen y eso se refleja en el Presupuesto. La baja cobertura de seguridad social, la ausencia de políticas para las micros, pequeñas y medianas empresas y las deficientes políticas para la agricultura familiar no contribuyen a mejorar la situación.

La existencia de más de 500.000 niños, niñas y adolescentes que trabajan, muchos de ellos en condiciones de casi esclavitud, como son las llamadas criaditas, dan cuenta de la nula responsabilidad estatal en enfrentar un problema que nos ubica como un país que avergüenza ante la comunidad internacional.

Es hora que las autoridades asuman el compromiso del desarrollo. Sin trabajo decente se ponen en riesgo la sostenibilidad del crecimiento y la continuidad de condiciones de vida que no condicen con el nivel de ingreso que tiene el país, y mucho menos con los estándares del desarrollo a los que ya han llegado otros países de la región.