30 ago. 2025

El discurso de Trump

Guido Rodríguez Alcalá

No me pareció muy modesto el discurso inaugural del presidente Donald Trump. Su triunfo electoral, según él dijo, fue algo que “el mundo nunca ha visto antes” (“the world has never seen before”). Vyrorei los grandes movimientos culturales, políticos y religiosos: la tradición grecorromana, la Ilustración, el cristianismo; tranquilo Ñandejára, que llegó Donald.

El triunfo no fue gran cosa, considerando que Hillary Clinton tuvo más votos que él y perdió por el sistema de voto indirecto o de colegio electoral. Teóricamente, a cada estado o colegio electoral norteamericano se le asigna un número de votos conforme a su población: California tiene 55 votos; Delaware tiene 3. Sin embargo, el número de votos no corresponde a la población y por eso Clinton tuvo 2.800.000 votos más que Trump y perdió. Por otra parte, la participación electoral fue baja (55%) y mucha gente no estaba inscrita para votar.

Trump cree que con él se inició una era nueva, y por eso dijo: “El 20 de enero de 2017 será recordado como el día en que el pueblo recuperó el gobierno de los Estados Unidos”. Lo peor del caso es que él quiere hacer valer esa nueva era para el resto del mundo: “Vamos a definir el rumbo de Norteamérica y del mundo por muchos, muchos años”.

A él se lo eligió presidente de Estados Unidos, y no del resto del mundo, pero ni él ni sus colaboradores parecen haberse dado cuenta de la diferencia: su ministro de Defensa, Rex Tillerson, dijo que le van a prohibir a China instalar bases en el Mar de la China; su ministra de Educación, Betsy DeVos, dijo que los funcionarios de las escuelas deben llevar armas de fuego para protegerse del ataque de los osos (ver el artículo de Paul Krugman, “Donald the Unready”, en el New York Times).

Dejando de lado la anécdota, ¿cuál ha sido el mensaje? En resumen, proteger a los Estados Unidos de sus enemigos internos y externos.

Los internos son los delincuentes, que han provocado una “masacre” en el país, aunque no me ha quedado claro a quien le encomendó la protección al decir: “Seremos protegidos por los grandes hombres y mujeres de nuestro ejército y de la policía y, sobre todo, seremos protegidos por Dios”. Obviamente, si Dios se hace cargo, se puede prescindir de las fuerzas de seguridad, que Trump quiere aumentar. “Durante varias décadas, hemos enriquecido a las industrias extranjeras a expensas de las industrias americanas, y hemos subsidiado los ejércitos de otros países mientras permitíamos que nuestro ejército decayera”.

El presupuesto militar de Estados Unidos anda por los 600.000 millones de dólares al año, y es mayor que el presupuesto de los seis países que le siguen en gastos militares. En el mundo globalizado, por otra parte, las empresas norteamericanas han obtenido grandes beneficios, y por eso, con el apoyo de su gobierno, han impulsado los tratados de libre comercio como Nafta (con México y Canadá), TTIP (con la Unión Europea), TPP (con países del Pacífico) y otros. Aplicar una política proteccionista le resultará imposible al presidente, tanto a causa de la reacción internacional como a causa de la reacción interna. Sin llegar a eso, espero que cumpla su promesa de acabar con el TTIP, que enfrenta el rechazo de la mayoría de los norteamericanos y de los europeos.