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Mundo
viernes 2 de septiembre de 2016, 10:28

El brasileño curado por la madre Teresa que no se considera un "privilegiado"

El brasileño Marcilio Andrino, cuya curación fue el milagro por intercesión de madre Teresa de Calcuta y el elegido para que la monja fuese proclamada santa, aseguró este viernes que "Dios es misericordioso y quiere a todos" y que no se considera "un privilegiado".

EFE - Cristina Cabrejas

"Hoy me ha sucedido a mí, mañana le sucederá a otro. Dios es misericordioso y quiere a todos. No me considero un privilegiado", respondió Andrino, que participó en la conferencia de prensa del Vaticano para detallar la canonización el domingo de Teresa de Calcuta.

Andrino, un ingeniero de 43 años, se presentó en el Vaticano acompañado de su esposa, Fernanda Rocha, y con la ayuda de un traductor relató paso a paso la historia de su curación.

Detrás de cada canonización, además de la historia de la santa o santo, hay una historia sorprendente -inexplicable en el lenguaje de los certificados médicos que acompañan al proceso- como la relatada por el brasileño.

Marcilio recordó que un día, hace varios años, se levantó mareado, experimentando síntomas como pérdida de equilibrio y visión borrosa, a consecuencia de lo que se desmayó.

Para el brasileño desde ese momento su vida cambió para siempre, según explicó, al tiempo que recordó que pese a su enfermedad decidió casarse con Fernanda, a quien había conocido en 2000 y que, según indicó, le "llevó literalmente del brazo al altar porque estaba muy débil".

En 2008, poco después de la boda, fue hospitalizado y se le diagnostico una infección rara en el cerebro e hidrocefalia, pero tras ser tratado con antibióticos durante un mes no hubo alguna mejoría, explicó.

El brasileño explicó que durante su ingreso en el hospital, su esposa se encomendó en sus rezos "a Dios y a madre Teresa pues una antigua jefa se había curado de un aneurisma cerebral rezandole a ella".

"La situación no mejoraba, pero aún así seguíamos rezando con mayor intensidad", explicó el brasileño.

Los médicos decidieron entonces operar a pesar de que la intervención era muy peligrosa, pero la noche antes de la operación "tras un gran sufrimiento, pude dormir bien".

"Me levanté y no tenía dolor de cabeza y sentía una gran paz interior. Ante la falta de dolor, los médicos me dijeron que no le iban a operar y que lo dejaban para el día siguiente", explicó.

Nunca le operaron: "Los abscesos se habían reducido en un 70 por ciento y la hidrocefalia había desaparecido. A los tres días hicimos más análisis: no había ningún rastro de los abscesos. Comprendí que me había curado", señaló.

Al milagro de su curación se añade el de haber podido tener hijos, pues los médicos le dijeron que "con todas las medicinas que había tomado la probabilidad de procrear era el 1 por ciento", agregó.

"Seis meses después de salir del hospital tras una breve rehabilitación volví al trabajo y un mes después Fernanda empezó a sentirse mal. Fuimos al médico y nos dijo que estaba embarazada", explicó.

Con sus dos hijos, Mariana, de seis años, y Murilo, de cuatro, rezan ahora en familia a madre Teresa.

Cuando los periodistas le preguntan qué sienten ahora y sobre todo aquí en Roma, el matrimonio brasileño sólo puede decir que están "muy agradecidos".

El domingo también ellos asistirán a la ceremonia de canonización de madre Teresa de Calcuta en la Plaza de San Pedro, como cuando el 19 de octubre de 2003 estuvo Mónica Bersa, la mujer india de 34 años que padecía un tumor en el abdomen del que sanó en 1998, y que fue el milagro elegido para su beatificación.

Estos son los dos milagros requeridos por la Iglesia Católica para poder subir a los altares a Agnes Gonxha Bojaxhium, el nombre secular bajo el que la beata nació en 1910 en Skopje, entonces bajo el imperio Otomano, y que para muchos había sido ya santa en vida.