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Opinión
domingo 30 de octubre de 2016, 01:00

El absolutismo de Cartes y la ANR

Por Estela Ruiz Díaz
Por Estela Ruíz Díaz

La convención de ayer demostró que Horacio Cartes tiene el control cuasi absoluto del Partido Colorado, al que compró hace apenas cinco años para convertirse en presidente de la República.

Si bien tiene una disidencia que pelea cuerpo a cuerpo en el Senado, sin embargo, se probó ayer que Mario Abdo Benítez tiene escasísimo poder en las bases partidarias. Los mil convencionales decidieron en forma unánime seguir dándole a Cartes todo el poder.

Marito reina en el Senado, pero con apoyo opositor.

Como estaba previsto y con el preámbulo de la noche del viernes en la que Horacio Cartes aclaró a los convencionales que no renunciaba a la reelección y que acataría la decisión, a propuesta del convencional Pedro Díaz Verón, hermano del fiscal general, la asamblea decidió "impulsar las medidas políticas y los mecanismos constitucionales para incorporar la figura de la reelección del presidente y vicepresidente de la República y los gobernadores".

Para forzar el camino, los convencionales emitieron un mandato que castiga la indisciplina. Como en el Senado hay un muro hasta ahora infranqueable formado por la alianza entre los disidentes dirigidos por Mario Abdo, la izquierda y los liberales, plasmaron en la resolución que los legisladores están obligados a apoyar los proyectos sobre seguridad y desarrollo. Esto, tras el rechazo al préstamo del BID de USD 200 millones para el MOPC, que enojó bastante al Ejecutivo.

Si los legisladores incumplen ambos mandatos, "constituirá causa de inhabilidad para ser candidato a cargos electivos presidenciales, municipales y partidarios", inclusive. Así como decidió semanas antes el PLRA. Los dos partidos centenarios, en preocupantes rebrotes autoritarios, decidieron adoptar disciplinas de hierro para mantener a raya a los rebeldes.

humillación. Pero el momento cumbre de la convención no fue el apoyo a la reelección, cuyo guion se sabía de antemano, sino el linchamiento público de los miembros liberales del gabinete (Santiago Peña, Hacienda; y Francisco De Vargas, Interior). La argumentación primitiva estuvo a cargo de Richard Gómez, el revoltoso ex oviedista, quien pidió al presidente que solo los colorados ocupen cargos en el gobierno, e incluso hizo votar simbólicamente de pie a la asamblea, tomó el guante y respondió obediente a la asamblea: "No voy a esperar el lunes para elegir a un correligionario". Y cayó la guillotina sobre De Vargas.

Cuando se esperaba el degüello de Peña, dio la noticia más inesperada. Que "el otro ministro" pidió afiliarse. Grande fue la sorpresa cuando el ministro de Hacienda, orgulloso con su pañuelo colorado, se afilió a las apuradas, como casamiento de una adolescente embarazada, renunciando al liberalismo que abrazó con pasión su padre, y retornando a los orígenes de su abuelo colorado Jaime Peña.

Peña dio un espectáculo único de humillación política, no porque cambiara de partido, sino que lo hiciera para permanecer en el cargo y en medio de semejante espectáculo político. Su actitud logró lo imposible: convertir en víctima al repudiado De Vargas, cuya destitución hace tiempo la ciudadanía reclama, pero al ser sacado "por ser liberal", aligeró su caída.

doble discurso. En la convención también quedó en offside Cartes, quien al inicio de su gobierno desafió a la ANR nombrando ministros no colorados: Peña, De Vargas, Soledad Núñez. Ayer no pudo o no quiso defenderlos y embebido en la vorágine envolvente de la convención, entregó una cabeza y bautizó a un convertido.

Volvió con todo la cultura stronista de afiliarse para tener un trabajo.

La convención finalizó a la medida de Cartes y de una ANR intolerante: reelección, el Estado solo para los colorados y guillotina para los indisciplinados. Este último punto deja en la delgada línea roja a los disidentes, porque al no tener el control partidario, la amenaza puede hacer retroceder, quizá no a los dirigentes principales de Colorado Añetete, sino a la dirigencia intermedia y de base.

La aprobación de alianza tampoco es aperturista sino verticalista, porque exigen que la ANR encabece cualquier acuerdo.

escenario. La disidencia, que participó y luego abandonó la asamblea, ratificó su posición antireelección. Esto deja a Cartes sin posibilidades en el Congreso. La enmienda no correrá y menos aún la reforma constitucional, para lo cual no hay votos ni tiempo. Solo le queda la delirante vía constitucional que plantea Fernando Lugo.

Queda una semana para tener el panorama más claro. La Cámara de Diputados trata el miércoles la enmienda. Quizá Cartes, viendo que su panorama es complejo, desista no porque no quiera, sino porque no logró romper la oposición en el Congreso.

Así como en 1989, cuando Stroessner desde el exilio vio la foto de los que asumían el poder tras derrocarlo, ayer habrá sonreído en su tumba y habrá repetido la misma frase: "allí solo falto yo".