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domingo 8 de enero de 2017, 01:00

Desde hace 44 años recorre las calles afilando cuchillos

Don Crescencio Martínez se ha convertido en una figura conocida, ofreciendo sus servicios para peluquerías y clientes particulares. Al día, recorre varias cuadras atendiendo pedidos desde la mañana hasta la tarde.

Por Carlos Elbo Morales

Verlo caminando por las calles con su carrito en el que resaltan la rueda y el motorcito, se ha convertido en una postal de Asunción. Es que don Crescencio Martínez transita cada día cuadras y cuadras del centro capitalino y parte del Barrio Obrero, el Mercado 4 y Sajonia, llegando hasta las casas y los negocios para afilar cuchillos desde hace más de cuatro décadas.

"Me voy a donde me llaman. Recorro el centro, luego voy hacia el estadio y también la cancha de Cerro", dice sonriente don Crescencio, quien llega desde Capiatá para iniciar cada mañana la tarea que culminará en horas de la tarde. Cuando acaba su jornada, la máquina queda guardada en un depósito céntrico.

En detalles. El afilador de cuchillos cuenta que empezó a aprender este oficio cuando tenía 28 años. "Buscaba un trabajo en el que pudiera desempeñarme. Un señor que vivía hacia mi casa trabajaba en esto. Yo iba y veía como hacía, me fijaba. De a poco fui aprendiendo y le copié", cuenta con cierta picardía.

Revela también que la máquina para afilar que utilizaba esa persona era de madera, por lo que él mandó a hacer la suya en un taller.

Con orgullo dice que de tanto recorrer ya es muy conocido. Esta fama trae consigo muchos trabajos desde diversas partes. "Ellos me llaman y voy. O sino me traen", dice don Crescencio, quien con total naturalidad comenta que en los días de mucho calor camina buscando la sombra para que el clima no le afecte.

Detallando sus precios, señala que por afilar tijeras, cuchillos grandes y alicates cobra G. 5.000 por cada uno. Los cuchillos que se utilizan comúnmente tienen un costo de G. 2.000, en tanto que las tijeras que usan los zapateros las afila a G. 10.000, al igual que los machetes.

Como todo buen baqueano que conoce lo que hace, explica que al ver y tocar un cuchillo o tijera ya sabe perfectamente qué tanto hay que afilar. "En tres o cuatro minutos puedo terminar de afilar un cuchillo. En media hora están listos seis por lo menos".

Padre de familia. Fanático de Guaraní, con su oficio don Crescencio crió e hizo estudiar a sus 11 hijos que le han dado 18 nietos, se compró dos casas y considera que su trabajo le ayuda bien para el sustento diario. "Lo que gano al día me alcanza bien para vivir", dice el hombre que con su trabajo sigue perpetuando un oficio puramente artesanal.