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Opinión
domingo 18 de junio de 2017, 01:00

Carteslandia

La billetera más rápida de este lado del globo volvió a desenfundar. Y no está dejando títere con cabeza.
Por Arnaldo Alegre

El libreto de esta mala película de far west está cumpliéndose al dedillo. La frustrada enmienda fue apenas un accidente, un contratiempo.

La mayoría que buscó imponer de malas maneras la reelección está más fuerte que nunca. Firme, consolidada. Con hambre de más. Un “más” que no sabemos finalmente qué nos deparará.

Está en marcha para el Paraguay un mundo de éxitos y prosperidad que no tuvieron aún la delicadeza de avisarnos.

Hay un plan. Y debe tener un grado de perfección –perversa, pero perfección al fin– que desconocemos para que Carlos Filizzola actúe como Ramón Aquino y saque casi a empujones a Eduardo Petta de la conducción de la sesión del Senado para imponer la maniobra política pergeñada con sus nuevos amiguitos.

El proyecto político de Cartes, Lugo y Llano, junto con el corrillo áulico medio desafinado de los otros partiditos que le hacen acompañamiento, es un misterio, como misterioso es lo que está uniendo a esta alianza contranatura. No les une ni el espanto ni la desesperación. Menos el amor. Quedan cosas menos puras como opción para explicar la cohabitación dinero, ambición... Vaya uno a saber.

Hay una mayoría, una a quien nadie votó, y que ejecuta un plan oculto que, por cierto, tampoco fue sometido al escrutinio público. Un proyecto que excede el marco político justo y apunta a horadar el endeble entramado institucional paraguayo.

El proceso de copamiento de las instituciones se está consolidando en las narices de un país que parece mirar hacia otro lado. Los pocos que prestan atención a lo que está sucediendo esperan callados para atrapar lo que caiga de la mesa principal.

Cartes y su billetera manejan el Senado, Diputados y los organismos judiciales de elección y control de fiscales y jueces (allí la elección de un fiscal general dócil es el premio mayor). También a una buena parte de las empresas periodísticas y de los periodistas (algunos de los cuales solo saben hacer periodismo sirviendo a los intereses de su amo de turno). El arzobispo es por poco un seccionalero más. El resto de la Iglesia está adormilada. Aunque ella sabe sobrevivir, más por vieja que por santa.

El Partido Colorado está sometido. Así como una gran franja del PLRA. Los del Frente Guasu son amigos estratégicos pero incómodos. El tiempo dirá cómo acabarán.

Cartes y su billetera tienen el camino libre. Que Dios nos agarre confesados.