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Opinión
jueves 15 de septiembre de 2016, 01:00

Cartes y la verdad imaginaria

Por Miguel H. López - En TW: @miguelhache
Por Miguel H. Lopez

Quienes andamos en esta tarea de tratar la noticia, el hecho, la palabra, sabemos que el periodismo construye realidades dentro del imaginario colectivo. Si no fuera así, muchos de los acontecimientos que marcaron la historia de fines del siglo pasado y principios del presente no hubieran tenido, tal vez, ni la dimensión ni el desenlace ni la proyección que tuvieron. No en vano, semiólogos o intelectuales como Noam Chomski o Ignacio Ramonet discurren sobre el tema y hablan incluso de manipulación o dictadura de la prensa.

A mediados de los 60 dos sociólogos –el austríaco Peter L. Berger y el alemán Thomas Luckmann– dotaron al mundo de una de las teorías más importantes e influyentes de la sociología moderna: la realidad es una construcción social. Esta tesis, no refutada hasta hoy, sirvió para muchas otras observaciones que ayudaron a entender fenómenos sociales, como los de la prensa y su incidencia en las masas.

No es novedad para nadie que los medios de información, difusión y/o comunicación son vehículos de doctrinas, idearios, ideologías y modelos de sociedad. Que todo eso está impregnado –articulado, zurcido, concatenado– en los discursos. Discursos entendidos como palabras, acciones, metamensajes, etc.

Sin embargo, para que esa construcción, que se desencadena desde los medios, logre cristalizar el proceso, la realidad subjetiva debe guardar relación con una realidad objetiva socialmente definida. Si esto no ocurre, no deja de construirse realidad, pero en el sentido inverso de lo que finalmente se busca, hablando específicamente desde los medios, porque existe una definición anterior.

El grupo del presidente Horacio Cartes (y familiares), quiere jugar a todo eso. Con la adquisición de conglomerados, holding, grupos mediáticos, creó una plataforma de estructura periodística con la que pretende reposicionar la imagen malograda del mandatario (IBOPE: 77% en la zona de la Gran Asunción, y un 71% en las principales cabeceras departamentales aplazan su gestión). Ejerció presión. Manipuló datos. Maquilló hechos. Instrumentó comunicadores y despidió periodistas críticos a su gestión o que no se alinearon a darle una mano al jefe. O que fueron un tiempo lacayos perifoneros, pero por su escasa credibilidad dejaron de servir.

Pese a todo, la campaña para levantar la figura de Cartes no fue posible. Tiene los medios. Tiene el personal. Tiene el aparato mediático. Pero la realidad objetiva socialmente definida decía otra cosa. Su gestión en la práctica es un fracaso. La gente lo vive y lo padece cotidianamente. Entonces su verdad imaginaria colisionó contra la dura realidad y dejó al descubierto la realidad de su maniobra a lo Goebbels: mentir, mentir, a ver si algo queda...