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Opinión
martes 2 de mayo de 2017, 02:00

Cachito, el asalto y la patria drogada

Lupe Galiano
Por Lupe Galiano

Está difícil la cosa para Cachito, pero él finge demencia y así parece que va a seguir hasta que se acabe su mandato dentro de un año.

En los últimos tiempos se dedicó a mirar para otro lado, mientras sus amis luchaban por una enmienda constitucional que le iba a beneficiar principalmente a él. Cuando le preguntaban su postura, se limitaba a responder algo así como "no estoy a favor ni en contra, sino todo lo contrario", en ese estilo discursivo tan locuaz que lo caracteriza, con o sin telepronter.

Pasó un tiempito, ha omano el tema, sin gloria y con mucha pena para la familia del muchacho que falleció defendiendo una causa que creía justa.

Hasta ahora, ni a Cachito ni a ninguno de sus Chicago Boys se les cayó un solo pelo para apurar la investigación sobre otra muerte injusta en la era democrática del Paraguay. Otra vida truncada, que se suma a los 115 campesinos acribillados, los 17 periodistas asesinados y los 8 jóvenes mártires del Marzo Paraguayo. Todos los muertos son parte de la herencia colorada. Nunca nadie, ni un solo mandatario, ni un solo líder de la ANR pidió aunque sea disculpas por tanta sangre derramada.

Pero volvamos a Cachito. Las balas le rozan. No solo caen los civiles inocentes que luchan y reclaman, sino los otros, los que construyen con pólvora la patria drogada. Muere un capomafioso aquí, un padrino allá, un asalto de película acullá, pero él y sus eficientes miran sin ver. Otra herencia colorada.

Como si fuera poco, los narcopolíticos y los corruptos de siempre ya están histéricos por ocupar una silla curul y así seguir con los privilegios de una clase A que desprecia a todo el resto. Suma y sigue la herencia colorada.

En el medio estamos. El cruce de fuego nunca se acaba. La crisis que comenzó con aquel pacto azulgrana de presunta gobernabilidad que en realidad fue un acuerdo de fatos y cargos sigue tan campante.

¿Qué nos queda como ciudadanía?

Opción A: La desesperanza. Nada va a cambiar y seguiremos como hasta ahora: unos cuantos bobos cumpliendo las leyes y exponiendo sus vidas en una sociedad cada vez más violenta y peligrosa.

Opción B: Mirar para otro lado, como hace este señor que nos des-gobierna. Aparentar que todo está bien, aunque estén rifando nuestras tierras, regalando nuestros bosques, masacrando a nuestra gente y corrompiendo a nuestro pueblo.

Opción C: Unirte a ellos.

Opción D: Mudarte a Suiza, Alaska o al Polo Sur.

Opción E: Reagruparnos, romper y luchar por el país que quiere la mayoría. Esta es la única opción válida, aunque cueste más dolor y más sangre.