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Editorial
viernes 21 de octubre de 2016, 01:00

Brindar más seguridad ante los ataques de motoasaltantes

La escalada de asaltos protagonizados por los llamados motochorros o motoasaltantes, que han cobrado numerosas víctimas durante las últimas semanas, en algunos casos con derivaciones graves, genera una comprensible sicosis de pánico en la población. No solo se percibe la incapacidad de la policía para frenar los ataques, sino además se denuncian hechos en que agentes del orden aparecen como cómplices de los delincuentes. La situación debe llevar a las autoridades a adoptar medidas urgentes para brindar más seguridad, pero al mismo tiempo trabajar en propuestas de fondo para disminuir la delincuencia. No se puede mantener a los ciudadanos como rehenes del miedo y obligarlos a recluirse en sus casas, disminuyendo un importante aporte al desarrollo del país.

Numerosos ataques de asaltantes que operan a bordo de motocicletas, bautizados como motochorros, se han producido durante las últimas semanas, generando víctimas que han quedado con graves secuelas.

Uno de los casos más dramáticos fue el del joven Ricardo Ortellado, atacado el pasado 11 de octubre sobre la avenida Perú, en Asunción, cuando se dirigía a abordar el ómnibus para regresar a su hogar en horas de la tarde. Uno de los delincuentes intentó sacarle la mochila y le disparó con una pistola, por lo cual tuvieron que amputarle la pierna izquierda.

Otro caso es el de Carlos Javier Bernal, asaltado por otros dos motochorros en la noche del martes, en el barrio Ypatí, de Villa Elisa. El joven, de 20 años, recibió un balazo en el estómago y actualmente lucha por su vida, tras una operación quirúrgica.

A ellos se suman otros varios casos de ataques a hombres y mujeres golpeados o amenazados para robarles el teléfono celular, el bolso o la billetera que tenían a mano. En la mayoría de estas situaciones, según grabaciones de cámaras de seguridad en los lugares donde suceden los atracos, los asaltantes operan de a dos o de a cuatro, a bordo de motocicletas. Generalmente eligen a mujeres y hombres en las paradas del transporte público. Las motos se detienen sin parar el motor, el o los acompañantes descienden rápidamente, blandiendo un revólver o un cuchillo, y obligan a sus víctimas a entregar lo que tienen de valor, y aún cuando muchos no se resisten igual reciben disparos o son apuñalados.

Aunque este tipo de casos son frecuentes, en las últimas semanas hubo un aumento de la violencia de los ataques que generan mucha preocupación. El director del Hospital del Trauma, doctor Aníbal Filártiga, revela que a dicho centro asistencial llegan semanalmente 6 heridos por asaltos de motochorros, sin contar los que se registran en otros puntos del país.

No solo se percibe la incapacidad de la policía para frenar los ataques, sino además se denuncian casos en que agentes del orden aparecen como cómplices de los delincuentes, debido a la gran corrupción que persiste dentro de las fuerzas de seguridad.

La crítica situación debe llevar a las autoridades a adoptar medidas urgentes para brindar más seguridad, pero al mismo tiempo trabajar en propuestas de fondo para disminuir la delincuencia. La persistencia de una violencia estructural que dispara los niveles de pobreza y marginalidad, de falta de educación y oportunidades laborales, entre otros, y la corrupción son las principales causas, que deben ser revertidas con urgencia.

No se puede mantener a los ciudadanos como rehenes del miedo y obligarlos a recluirse en sus casas, disminuyendo su importante aporte al desarrollo del país.