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Opinión
viernes 14 de julio de 2017, 01:00

Bono, selfie y un voto esquivo

Carolina Cuenca
Por Carolina Cuenca

Les llaman fuente de bono demográfico, es decir, factor de peso en el crecimiento económico; recursos positivos; esperanza... pero también preocupación y desafío.

Los jóvenes están en la mira. Los organizados, los trabajadores, los estudiantes, los ninis (ni esto ni lo otro). Ellos tienen el rostro que todos quieren exhibir de nuestro país (a menos que estén enfermos o vivan lejos, claro, porque eso no es tan cool...).

Algunos viven en el campo, otros huyen de la pobreza a los cinturones de... ¡ups, más pobreza! que rodean la gran ciudad. Otros son los príncipes de la noche, están en la vanguardia de las nuevas revoluciones, al menos en la moda. No faltan los fanáticos. Ser fanático hoy no es sinónimo perfecto de duro y retrógrado, sino más bien de afinidad, de simpatía, de sentido de pertenencia. Y por lo visto es ese uno de sus anhelos, ser parte de algo grande, verdadero o "por lo menos divertido", que ya es como la versión resignada de aquellos ideales que movieron la estantería al mundo en el 68, para bien y para mal.

Los jóvenes están en la mira de los programadores de conducta social, que los quieren llenos de "libertades individuales", pero bien atados a un sistema globalista duro, despiadado, donde no hay lugar para los débiles; del consumismo, de los ideólogos que se les pegan para quitarles rédito.

La juventud puede llegar a ser como una especie de "fuero" en ambientes diversos, desde la publicidad, el centro de una familia disgregada, hasta la política partidaria. Ni hablemos de las candidaturas y las posibilidades laborales. Pero, ¡qué de contrastes!, por ejemplo, entre la pinta de los perfiles sociales, el discurso, las fachadas y la realidad.

¿Qué significa ser joven hoy y aquí? Ayer recibíamos la trágica noticia del deceso de dos hermanas menores de 20 que haciendo selfie en un tractor, se vinieron abajo y fueron aplastadas. ¿Es una triste metáfora de muchas incongruencias que los rodean? Por un lado el acceso tecnológico, por otro, la vulnerabilidad; también el dinero, algunos ya pueden pagarse auto, universidad o viajes, pero sus compartidos perfiles en las redes hablan de sentimientos de abandono, de sinsentidos, de superficialidad y de otras pobrezas existenciales.

Creo que no es suficiente. Falta contenido. Y esto es cosa de adultos el proveerlo, al igual que el abrazo desinteresado que les haga sentir valiosos. Si hay algo que desafía los cálculos sobre ellos es la resistencia a un mundo que ya no les muestra claro ningún camino y les hace decidir hasta aquello para lo que no están listos. Infantiles, temerosos, pero a la vez temerarios, persistentes, cíclicos, capaces de cantar la vida y reconocer lo auténtico. Los jóvenes de hoy son frágiles y algo sentimentales, pero ensordecedoramente vibrantes y pueden darnos gratas sorpresas. Que lo sepan, son un bien para nosotros, aunque no pertenezcan a la farándula, a la lista A del bono demográfico o a la fraternidad.