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Violencia religiosa y crímenes de odio, una triste realidad del mundo

Alrededor de  127 personas se vieron involucradas en el ataque, de las cuales 40 murieron y cerca de 90 resultaron heridas y permanecen internadas en el hospital o ya han recibido el alta.

AGENCIAS

El pasado domingo, un episodio violento en África volvió a poner de manifiesto la vigencia de la violencia religiosa y los crímenes de odio en el mundo. En un ataque injustificable, yihadistas del Estado Islámico –según el Gobierno de Nigeria– masacraron a fieles católicos que se encontraban reunidos en una iglesia en el estado de Ondo, en el suroeste del país.

Al menos 127 personas se vieron involucradas en el ataque, de las cuales 40 murieron y cerca de 90 resultaron heridas y permanecen en el hospital o ya han recibido el alta.

La Policía explicó que hombres armados no identificados, disfrazados de miembros de la congregación, dispararon y usaron explosivos al asaltar la Iglesia Católica de Saint Francis, en la localidad de Owo.

Este es un nuevo episodio de una interminable serie de actos violentos cometidos en nombre de alguna religión o creencia suscitó la indignación de la comunidad internacional y fue condenada por la ONU y el papa Francisco.

Uno de los más sangrientos episodios de los últimos años tuvo como protagonista a un supremacista blanco, quien incluso transmitió en vivo el ataque. Se trata del australiano Brenton Tarrant, quien el 15 de marzo de 2019 atacó dos mezquitas en Nueva Zelanda, que se saldó con 51 muertos.

El acusado retransmitió en las redes sociales parte del asalto en el que disparó a quemarropa contra los musulmanes, incluyendo niños que se encontraban en las mezquitas para la oración de los viernes.

En la mezquita de Al Noor mató a 42 personas en menos de seis minutos y en el Centro Islámico de Linwood, adonde llegó diez minutos después, acabó con la vida de otras siete disparando desde el exterior.

Tarrant publicó en las redes sociales su ideario supremacista y desde su ataque, el Gobierno de Nueva Zelanda adoptó varias medidas como una reforma a la tenencia de armas semiautomáticas e impulsó a nivel mundial regulaciones a las redes sociales para evitar la propagación de mensajes de odio.

La masacre perpetrada por extremistas islámicos contra trabajadores del semanario satírico Charlie Hebdo marcó para siempre a Francia. El 7 de enero de 2015 un grupo de hombres armados asesinó a 12 personas. Entre ellas, al director de la publicación y emblemáticos ilustradores de la revista, reconocida por sus críticas a los extremismos religiosos de todo tipo, y que fue blanco de los ataques terroristas por mostrar en sus portadas al profeta Mahoma.

En Estados Unidos los ataques son ya una lamentable constante. Las autoridades, en medio de una sociedad polarizada, debaten entre la necesidad de restringir el acceso a las armas o continuar con las permisivas leyes actuales, en un negocio que genera miles de millones de dólares y que además encuentra sustento en la misma Constitución del país.

Payton Gendron, un joven supremacista blanco de 18 años fue protagonista de la matanza de 10 personas, casito todas ellas negras, en un crimen que horrorizó al país el mes pasado, cuando irrumpió en un supermercado Búfalo (Nueva York) y disparó indiscriminadamente matando a diez personas.

Otra masacre con características similares se produjo en el estado de Georgia, donde el blanco fueron personas que se encontraban en salones de masajes asiáticos en la ciudad de Atlanta, y que dejó un saldo de 8 muertos.

“Todos debemos trabajar juntos para abordar el odio. Los corazones de los estadounidenses están heridos una vez más, pero nunca debe flaquear nuestra determinación”, manifestó el presidente Joe Biden, tras la masacre de Gendron.

LÍDERES RELIGIOSOS. Ante tanta violencia, el papa Francisco llamó a cultivar la cultura de la paz, en un encuentro con líderes budistas a quienes recibió en el Vaticano el pasado 28 de mayo.

“En un mundo devastado por conflictos y guerras, nosotros, como líderes religiosos profundamente arraigados en nuestras respectivas enseñanzas religiosas, tenemos el deber de despertar en la humanidad la firme resolución de renunciar a la violencia y construir una cultura de paz”.

Lamentablemente, también hay quienes continúan abusando de la religión usándola para justificar actos de violencia y odio”, manifestó el Pontífice durante el encuentro. “La paz es el anhelo ardiente de la humanidad hoy”, dijo. Y “hay una necesidad urgente, a través del diálogo a todos los niveles, de promover una cultura de paz y no violencia, y trabajar en ese sentido”.

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