Opinión

Violencia

Raúl Ramírez Bogado – @Raulramirezpy

Uno de mis hijos estaba en la fila con sus compañeros, en su escuela, durante un acto. De repente, desde atrás, una niña lo golpea sin motivo. Al darse vuelta con todas las ganas de reaccionar, se percató de que era una de sus compañeras. Ante esto, como sabe que no hay que golpear a las niñas por la educación que recibe en casa, directamente se resignó y hasta lloró de la rabia. Por suerte, el hecho no quedó impune gracias a la profesora, que también vio lo ocurrido.

Al final, el tema no pasó a mayores, ya que fue una agresión de una niña a un niño. Ahora bien, me pregunto qué hubiera pasado si mi hijo reaccionaba y golpeaba a la niña porque fue víctima de una agresión injusta. Ya escucho las interminables quejas de las madres diciendo que golpearon a una niña en la escuela. Es más, seguro que iban a citar a sus padres para denunciar lo ocurrido y hasta suspender al supuesto agresor.

Así como hay que enseñar a los varones a no golpear a las niñas, ni a sus demás compañeros, también hay que enseñar a las niñas a no golpear a los niños, porque pareciera que ellas tienen licencia para eso, y eso está mal. La violencia engendra violencia, sea del sector que sea.

El problema aquí es la violencia, independientemente del sexo de la persona. No se puede ver solamente la agresión de un solo sector, sino que de todos lados. Hay que proteger a la persona, indistintamente de que sea hombre o mujer.

Esto, a propósito del día de la eliminación de toda la violencia contra la mujer, con lo que estoy totalmente de acuerdo. Es más, las alarmantes estadísticas hacen que la cuestión se torne preocupante.

Pero, con lo que no estoy de acuerdo es que esa protección sea solo para un sector, cuando que la violencia es generalizada.

Conozco casos donde en las escuelas, en los torneos internos intergrados, se prohíbe la presencia de los padres, ya que son ellos los que protagonizan las peleas y dan mal ejemplo a los niños. Se grita a los hijos de otras personas por un partido de fútbol o de hándbol.

Al final, los padres reclaman en forma desaforada a los compañeros, a los árbitros, a los rivales. Pierden la calma por cualquier cosa. Me pregunto qué ejemplo les dan a sus hijos. Esto se replica luego en los niños porque estos episodios son ya comunes, principalmente en la casa. Las riñas se dan también en los famosos torneos de ex alumnos, y eso que son todos mayores.

El hecho que el agresor sea hombre o mujer no lo hace diferente. El hombre que golpea a la mujer o a sus hijos debe ser castigado. Pero la mujer que golpea a sus hijos, a su esposo, también. No hay que mirar con otros ojos solo por el sexo.

Nuestra dividida sociedad está en problemas por la violencia que existe, y que se nota. Se agrede por el solo hecho de que uno sea seguidor de tal o cual club, o porque no se esté de acuerdo con sus creencias políticas, ideológicas o religiosas.

Definitivamente, la conclusión a que llegamos es que la sociedad está enferma, por la intolerancia y falta de respeto a los demás. La prepotencia y la impunidad reinantes también hacen lo suyo.

Ante esta situación, lo que se cree es que dictando leyes draconianas, donde se elevan las penas para castigar a los delincuentes, es la solución para evitarlos. No es así. Cada vez hay más feminicidios y homicidios. Si fuera por las altas sanciones, no debería haber crímenes. Antes, incluso, había pena de muerte, pero igual había delitos. Un delincuente no piensa en eso cuando va a agredir a alguien.

La solución al problema, creo yo, está en la educación. Hay que invertir en educar a los niños sin violencia. Enseñarles a ser tolerantes, principalmente el respeto al semejante, a aceptar su opinión y sus creencias, sin querer imponer las nuestras. Eso es enseñar en democracia.

Principalmente, hay que enseñarles a ser ciudadanos de bien. Y ahí entra el ejemplo de los padres, de los gobernantes. Nunca hay que olvidar que las palabras mueven, pero el ejemplo arrastra.

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