Opinión

Una campaña electoral que pasó a segundo plano

Susana Oviedo Por Susana Oviedo

Desde la semana pasada, junto al “bollooo, bollooo…”, del “chipa calentita, higiénicamente elaborado (sic)” y del huevo a “20.000 la plancha”, a las ofertas sonoras de las tardes de barrio se sumaron las propagandas electorales propaladas por vehículos dotados de poderosos equipos de sonido dispuestos a no pasar inadvertidos.

“Votá a fulano de tal, lista tal” y algún eslogan para no salirse de la fórmula tradicional que sigue con pegatinas de afiches por las columnas del tendido eléctrico, las murallas de viviendas particulares y hasta los cestos portabasura y, en algunos casos, la vibrante hazaña incluye una caravana de autos, como demostración de fuerza, y la visita casa por casa, pese a la pandemia.

Me ocurrió el sábado de tarde, cuando el sol comenzaba a ocultarse. Sonó el timbre de la casa. En el portón, un chico y una chica, ambos con gorritos rojos, saludaron como desesperados y lanzaron la pregunta: “Señora: ¿será que puede recibir a la candidata a concejal?”.

En la calle, un ejército de animados operadores políticos caminaban detrás de una ruidosa camioneta que repetía y repetía el número de lista y el nombre que se debía elegir el domingo en las internas partidarias simultáneas.

Condicionada por la nueva normalidad del confinamiento, ni siquiera logré escuchar el nombre de la candidata que querían presentarme y, con tanta prisa, atiné a responder que no recibíamos a nadie y un “disculpe, será otro día”.

Más tarde caí en la cuenta de que la campaña electoral para estas internas pasó sin haber despertado interés. Que además de los candidatos colorados a intendente de Asunción sobre los que profusamente se publicó en la prensa y en las redes sociales, no precisamente por sus méritos, me atrevería a decir que de los demás postulantes no nos hemos enterado mucho. Y no porque sean menos escandalosos o meritorios.

Quizá sí por lo insulso y poco novedoso que ha transcurrido, en general, este proceso electoral en pandemia y que el domingo decantará en unas elecciones primarias muy importantes porque definirán las candidaturas de los partidos y movimientos para los comicios municipales de octubre próximo.

Hablamos de unos comicios en los que de nuevo todo gira en torno a un desalentador bipartidismo, con todas sus miserias, y en medio de un desencanto ciudadano agudizado por el clima de duelo y gran decepción hacia las autoridades en general, incluidos los intendentes y concejales. Y es que son unos pocos ejecutivos municipales los que hacen la excepción y los que salvaron el valor de los gobiernos locales, más aún, en una emergencia sanitaria tan fuerte como la que estamos padeciendo desde marzo de 2020.

Son contadísimos, pero sus gestiones y conducta ayudan a dimensionar hasta qué punto es importante que al frente de una municipalidad y en las juntas municipales estén personas que buscarán el beneficio de la comunidad y que la gente se sienta orgullosa de vivir en ella. Una gran mayoría de los compatriotas han estado o están preocupados por conseguir camas en hospitales o medicamentos para un familiar con Covid, por lo que mirar o escuchar con detenimiento quiénes están en pugna por las candidaturas municipales en los diferentes partidos no creo que haya sido una prioridad en esta etapa eleccionaria.

Menos aún cuando en la competencia electoral, por la calidad de muchos candidatos, resaltan más los legajos oscuros de estos dentro de una misma nucleación, en lugar de propuestas e ideas que, para infortunio de los ciudadanos, continúan siendo tangenciales.

Aunque los meses de campaña prácticamente pasaron a segundo plano, es demasiado importante el papel de quienes dirigen los gobiernos locales, por lo que habría que hacer el esfuerzo en estos días que quedan de informarnos bien para que el ejercicio del voto sea inteligente y con una mirada a largo plazo, más allá de las internas.

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