07 may. 2026

Un gran precursor en el arte de la caricatura en Paraguay

Muerto prematuramente a principios del siglo XX, Miguel Acevedo dejó, sin embargo, una profusa e influyente obra visual, especialmente dentro del periodismo nacional, dotándole de una modernidad hasta entonces inédita.

Por Blas Brítez

bbritez@uhora.com.py

Una de las salas de exposiciones del Centro Cultural de la Ciudad - Manzana de la Rivera (Ayolas 129) lleva el nombre de Miguel Acevedo, para la gran mayoría de la gente un desconocido más, como, por otro lado, suele suceder con los protagonistas civiles del país. Sin embargo, en el corto tiempo de vida que tuvo, Acevedo (1889-1915) fue el más importante dibujante y caricaturista del Paraguay, el primero en abrir la veta artística del género en una época dorada del periodismo paraguayo.

Acevedo nació en Villa Florida, Misiones, el 6 de abril de 1889. Su padre era uruguayo, de quien heredó el nombre, y su madre paraguaya, Bienvenida Llanes. Tempranamente se trasladó a Asunción, donde estudió en el Colegio Nacional de la Capital, principal centro de estudios secundario del país. Fue durante esta etapa en donde comenzó a manifestar su gusto por el dibujo, especialmente inclinado a la realización de retratos a lápiz, práctica que lo llevaría en el futuro a retratar a grandes personajes de la cultura y la política paraguaya. Aunque su formación fue fundamentalmente autodidacta, fue en el Colegio Nacional donde contó con las enseñanzas de otra figura poco recordada de las artes visuales del Paraguay, el italiano Héctor Da Ponte.

DE MANO EN MANO. En 1907, Acevedo fundó una de las publicaciones más llamativas de la historia del periodismo paraguayo: el semanario satírico Tipos y tipetes, de aparición sabatina, que tenía la particularidad de ser totalmente hecho con tipografía manuscrita, una a una, incluso los anuncios con que contaba. Pero no solo eso, se trataba de ejemplares únicos que se distribuían de mano en mano y luego volvían al acervo de Acevedo. Esta revista presentaba una mezcla de informaciones con un análisis de la coyuntura política local.

En 1913 expuso, por primera vez, una serie de caricaturas en un local céntrico de Asunción, lo que causó un pequeño revuelo al ver los asuncenos, muchos por vez primera, a las figuras políticas de la época retratados de manera personalísima por Acevedo. Prácticamente nadie permaneció ajeno a la prueba irrefutable del talento del artista, pues tanto los transeúntes curiosos como la prensa reaccionaron positivamente ante su trabajo.

REVISTA CULTURAL. Fue ese mismo año cuando Acevedo participó del proyecto más ambicioso y ejemplar de la década en cuanto a publicaciones culturales: Crónica, junto a Leopoldo Centurión, Pablo Max Insfrán, Roque Capace Faraone, Guillermo Molinas Rolón y Guillermo Campos. Esta revista ilustrada por Acevedo registró gran parte de la vida cultural del país de la época, con colaboraciones sobre teatro, literatura y música, pero también sobre deportes, moda, notas coloridas sobre el Paraguay y crónicas resaltantes del mundo. En la década siguiente, la del 20, Juventud seguiría la estela dejada por Crónica, con la colaboración de Juan Ignacio Zorazábal, un autoreconocido discípulo de Miguel Acevedo.

1914 estaba llamado a ser un año decisivo para Acevedo, pero no fue así: la Primera Guerra Mundial, que comenzaba a despuntar terriblemente en Europa, lo obligó a volver al país desde París, a donde había ido para usufructuar una beca que apuntalaría su formación artística en el centro de las vanguardias. Aún así, esa breve estancia en el Viejo Continente dejó su impronta en el aprendizaje de nuevas técnicas visuales.

Regresó al país en 1915. Sería el último año de vida, pues el 5 de diciembre moriría en Asunción. Algunas de sus obras pueden verse en el Centro de Artes Visuales Museo del Barro y en el Museo Nacional de Bellas Artes.