Las obras de Emiliano R. Fernández son una surgente inagotable para los músicos y compositores. Dado que todavía existe gran cantidad de letras suyas sin musicalizar, los melodistas aún hallan poesías que sirven de soporte a su inspiración.
En el camino de Luis César Cardozo, más conocido como Lucho Cardozo - nacido el 7 de diciembre de 1951, en Coronel Bogado, departamento de Itapúa- , en el 2001, se cruzó una obra sin música de Emiliano.
“Un sobrino mío, el profesor Hugo Mario Martínez, de Coronel Bogado, tiene toda la colección del Correo Semanal de Última Hora. Allí, en la sección Memoria viva, encontró Triste tapera, que todavía no tenía música. Cuando estuve por mi pueblo, él me mostró y enseguida comencé a componer la polca que grabé en el 2003, en el estudio Tajy, con el arpa de Marcelo Rojas”, recuerda el que heredó de su padre - que fue músico, compañero de Germán Bogado y otros- y un hermano acordeonista el arte musical.
Lucho había estudiado en el Seminario Espíritu Santo, de la Colonia Santa María - Encarnación- , de donde se retiró al cabo de tres años. De ese tiempo le quedó el crecimiento de su arte en la ejecución de la guitarra y el canto.
En el elenco artístico del Ministerio de Defensa Nacional, junto a grandes artistas como el maestro Alberto Ginés, aumentó sus conocimientos y adquirió la necesaria experiencia para manejarse en los escenarios.
Integrando la agrupación de los hermanos Basaldúa, tuvo la ocasión de vivir y actuar durante seis meses en el Japón. Cediendo al llamado del terruño, volvió al Paraguay, donde sigue dedicándose profesionalmente a la música.
“Según lo que leí acerca del nacimiento de Triste tapera en el escrito periodístico, a partir del testimonio de Eugenio Hermosa Selliti, quien por muchos años fue el administrador de las estancias de la taninera Carlos Casado, Emiliano escribió esa poesía en la Estancia Guahó, en el Alto Paraguay, a finales de la década de 1920", recuerda Lucho.
Según Hermosa Selliti, Emiliano había vivido con una mujer - cuya identidad no se registra- en un rancho construido por él en aquel establecimiento ganadero perteneciente a la empresa Carlos Casado. Fiel a su condición de caminante, cierto día oho Paraguay. Se fue a lo paraguayo. El informante explicaba que eso significaba desaparecer sin dejar rastros, sin avisar a nadie, dejando incluso sus pertenencias.
Al retornar luego, de lo que había sido su nido de amor, encontró tan solo la tapera, voz que al pasar al guaraní se convierte en tapere. La casa destartalada y sin dueña le causó nostalgia y desasosiego. El paraíso de antaño era un infierno en el presente del poeta, que encontró en la palabra un escape a su dolor. Su “flor de un día” le dejó viva solo una llama de tristeza.
“Aquellos versos me inspiraron y, al mismo tiempo, me dieron la oportunidad de ser coautor de uno de los más grandes poetas populares de nuestro país”, recuerda el que también musicalizó Nemba’e’ÿ eheja, también de Emiliano R. Fernández.
Emiliano regresó a su rancho. Lo encontró abandonado y sin su china. Entonces le nace la inspiración. Lucho Cardozo, ya en este siglo, le puso música.
Memoria viva
Mario Rubén Álvarez
Poeta y periodista
alva@uhora.com.py
Triste tapera
A ti que un tiempo mi choza eras
muy de pasada apuraheise
oye mis versos, triste tapera
andando el mundo ajapova’ekue.
Oh rancho hermoso que ayer de flores
yo te llamaba “vy’a raity":
¿Te presta siempre sus esplendores
la misteriosa blanca Jasy?
Aquí cantaban los ruiseñores
dulces gorjeos ko’ê jave
y preludiaban llenos de amores
llenando de trinos che rekove.
Aquí Natura puso sus hojas
hospitalaria chéve guarâ
en los momentos de mi congoja
tierno susurro ahendu haguâ.
Pero un tiempo anduve inquieto
a todas horas rohechase,
mi pobre alma guarda discreto
aquella ingrata y su tapere.
Hoy que ya lejos fue mi alegría
estos mis versos hekávo oho,
pues bien comprendo hasta ese día
su bella imagen quedó en Guaho.
Hoy rememoro aquel collado
y de nostalgias che myenyhê,
solo un suspiro de aquel pasado
de este mi pecho toho ichupe.
Ha sido ingrata mi bella moza
alma voluble mamópa oime,
Guaho tan solo guarda la choza
junto con ella roiko hague.
Guaho florido, tú me recuerdas
la primavera de aquel vy’a,
con toda el ansia pulso las cuerdas
triste tapera ha’e haguâ.
Mis ojos tienen su imagen propia
cuando contemplo su tapere
y en mi novela leo una copia
mentira frase hembiapokue.
Ya destruida triste tapera
en el retorno aju ahecha,
llamando en vano la primavera
su inmarcesible mburukuja.
La nueva cuna de mis canciones
viene afinando mi mbaraka,
mientras esparzo cual borbotones
versos nativos ndéve guarâ.
A ti, oh triste tapera mía,
todo el pasado ahejase,
dulce recuerdo, mi flor de un día,
fresco pimpollo chemba’ekue.
Diosa escondida en esta pradera
aquí termina che versomi,
adiós pretérita primavera,
más ya no puedo, takirîrî.
Letra: Emiliano R. Fernández
Música: Lucho Cardozo