23 may. 2024

Tras el rastro de los buscadores: En la isla (mediterránea) del tesoro

Paraguay es una isla rodeada de tierra, escribió en algún momento Augusto Roa Bastos para dar una introducción sobre el valor del idioma guaraní. Hoy retomamos la metáfora y citamos el clásico de Robert L. Stevenson para hablar de una leyenda que atraviesa el tiempo y conjuga distintas épocas de la historia en una misma misión: la búsqueda de plata yvyguy.

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La fiebre del oro se remonta a tiempos inmemoriales. Fue una de las razones principales de los 300 años de sometimiento de los colonizadores europeos, que encontraron en la riqueza de América la solución al tedio y miseria medieval del viejo mundo. La expulsión de los jesuitas, en 1767, dio lugar a nuevas especulaciones, ya que había una idea generalizada sobre el tesoro de las iglesias. Supuestamente, al salir del país, los religiosos habrían escondido sus preciadas pertenencias en distintos lugares.

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Esta leyenda que atraviesa el tiempo se potencia mucho más a partir de la Guerra contra la Triple Alianza (1864-1870) con, principalmente, dos vertientes. Por un lado, la del éxodo de la capital, Asunción, a raíz de la invasión brasileña, pero, por otro, la supuesta existencia de varias carretas cargadas con tesoros del Estado que el mariscal Francisco Solano López había mandado a enterrar. De hecho, hay rumores de un conjunto de mapas realizado por el entonces vicepresidente Domingo Francisco Sánchez que detallan las ubicaciones de unos y otros, a lo largo de todo el centro del Paraguay.

La búsqueda llegó al cine con Los buscadores, dirigida por Tana Schémbori y Juan Carlos Maneglia; y con Latas vacías, el primer largometraje realizado en Coronel Oviedo, dirigido por Hérib Godoy. Aunque muy distintas, ambas producciones retratan esta parte de la sociedad que nos interpela tanto (¿será acaso por el sueño de salir de las condiciones de vida siempre abrumadoras?).

La búsqueda del tesoro envuelve a este país de tal forma que no hay familia que no tenga una historia sobre la plata yvyguy o que no sepa de alguien que salió a buscar. Alrededor de esta búsqueda hay todo un imaginario mítico, donde conviven fuegos fatuos, espíritus chocarreros y hasta apariciones, con nuevas tecnologías como redes sociales y detectores de metal ultrapotentes. En este mundo y esta comunidad nos sumergimos en nuestra nota de tapa de la semana.

Mito, leyenda o realidad

El mito, como bien describió el escritor y filólogo Carlos García Gual, es “un relato tradicional que refiere la actuación memorable y ejemplar de unos personajes extraordinarios en un tiempo prestigioso y lejano”. No tiene autor, sino que hay una suerte de espacio sagrado mítico y está ligado a los tiempos primordiales.

La leyenda, en cambio, se basa en hechos reales, concretos, a los que se les suman características fantasiosas, propias de relatos populares. En la literatura oral, los mitos y leyendas convergen y hasta puede suceder que encontremos al Pombero, también conocido como Kuarahy Jára o Karai Pyhare, custodiando un tesoro de la Guerra Grande.

Tanto el mito como la leyenda pasan de una generación a otra y muchas veces son una explicación común para realidades concretas. Por ejemplo, la de encontrar un tesoro al cavar agua para un pozo. Muy pronto se llena de entidades (reales o imaginarias, no sabemos) que intervienen de forma positiva o negativa.

Entre TikTok y detectores de última generación

Renato Muller lleva más de 15 años en el país y llegó por invitación de un amigo. En su Brasil de origen ya se dedicaba a buscar objetos perdidos, sobre todo en la playa, pero en Paraguay descubrió la búsqueda de tesoros históricos. “Uno de mis primeros hallazgos fue una bombilla de plata que tenía como 200 años; me enamoré de la historia”, recuerda. También le atrajo todo lo mítico y sobrenatural que circunda a esta actividad en nuestro país. “Me contaban que la abuela de alguien veía un fuego o que otra persona vislumbraba un caballo sin cabeza… me encantó ese mundo”, cuenta.

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Si bien sabe que hay muchas personas que logran vivir de esto, para él se trata de un hobbie. Cuando va a la playa, generalmente a San Bernardino, suele encontrar objetos pequeños como joyas o monedas, pero también basura y latitas de cerveza que aprovecha para limpiar. Encuentra en la búsqueda un espacio de relajación y descontractura, que compara continuamente con ir de pesca.

“Encontrar un tesoro enterrado es otra cosa, porque se trata de objetos de mucho valor, que las personas intencionalmente decidieron esconder y no pudieron volver a buscar; no las perdieron, sino que pensaban regresar y no lo lograron”, reflexiona. Una vez, por ejemplo, Renato fue invitado a una propiedad en el interior del país junto con varios amigos. Según cuenta, después de escudriñar en todo el lugar, encontró una montura de plata con incrustaciones de oro que pesaba alrededor de 70 kilos.

Muchos prefieren usar detectores de metal. Renato se dedica a la importación y comercio de estos, y refiere que hay una gran variedad de aparatos muy sencillos, desarrollados con distintas calidades. El secreto es aprender a utilizarlos y saber para qué sirven. Los objetos perdidos siempre están a menos de medio metro de profundidad, mientras que los enterrados generalmente se encuentran a uno o dos metros.

Josías Vázquez empezó con esta actividad durante la pandemia. Encontró videos en TikTok, sobre todo de otros países, que mostraban cómo buscaban en playas y espacios públicos. La idea lo atrapó y decidió comprar su primer detector. “Cuando el agua bajó en 2020, fui a la playa de San Bernardino y encontré, en mi primera experiencia, una alianza de oro”, recuerda. La joya tenía 18 kilates.

Se enamoró del proceso de búsqueda y ahí nomás empezó su nuevo hobbie. Decidió documentar sus procesos y así nació Buscando Reliquias Paraguay, su cuenta en la plataforma de TikTok, que muy pronto creció exponencialmente y alrededor de la cual se hizo una comunidad de cazadores de tesoros.

De la playa pasó a distintas ciudades, muchas veces invitado por las personas con quienes interactúa en sus redes. “En cada familia, en cada casa, siempre hay una historia de plata yvyguy, y yo estoy abierto a escuchar estos relatos y los acompaño con una investigación del contexto, porque no hay mucha evidencia”, aclara.

Josías descubrió en la búsqueda de plata yvyguy una comunidad bastante numerosa, con la que constantemente comparte intereses y se retroalimenta. Para él, la máquina a utilizar debe ser de buena calidad, pero tampoco deja de lado los testimonios de las personas, sino que busca una conjunción entre la tecnología y las historias tradicionales y, a través de sus plataformas de difusión, da a conocer más sobre este mundo.

Lo sobrenatural

El saber popular habla de una llama bajo la lluvia que indica el lugar aproximado, animales y espíritus benévolos que guían hacia el objetivo y, en contraposición, derrumbes y culebras ante la mención de una mala intención. Todo esto confluye, y quienes saben del tema le dan gran importancia.

Por eso, conversamos con el señor Víctor González, que llevó toda una vida como buscador. Aprendió del rubro de la mano de su abuelo, primero, y de su madre, después, quien, junto a su pareja, también se dedicaba a buscar plata yvyguy. Su existencia, según nos cuenta, siempre estuvo marcada por lo sobrenatural.

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Testimonia haber vivido en carne propia cómo, en varias ocasiones, una búsqueda “salió mal” porque estuvo presente la bebida o inclusive los malos pensamientos. “Hay que tener mucha paciencia y perseverancia, rociar con agua bendita el lugar en donde se va a trabajar, no comentar con extraños y no estar en presencia de desconocidos, porque se pueden dar ondas negativas al lugar donde se cava”, afirma.

“De las 63 marcaciones que hice, 42 fueron solo movimientos, espíritus que no tienen paz y deambulan por el lugar. Les recomendaba bendecir el lugar y mandar hacer misa, y les dejaba oraciones para resguardarse”, cuenta González. “Las otras 21 marcaciones sí fueron positivas, pero en algunos casos solo era un anillo o un arete; no el par, sino uno solo, o una pulsera. Pero en otras encontré cofrecitos con alhajas, cántaros con monedas y joyas de oro; hubo hallazgos como una cartera de grueso cuero que contenía cintos con hebilla de oro, dagas de oro y plata con incrustaciones de piedras preciosas como rubíes y esmeraldas”, añade. “Todo eso como recompensa a la perseverancia, persistencia y mucha, mucha paciencia”, remarca.

Su método es más tradicional, casi desconfía de las máquinas más modernas. “Te complica porque a veces marcan una tapita de botella, una lata de alimento, y eso es frustrante”, explica. Por eso, sus herramientas son un péndulo o una varilla de radiestesia: “La radiestesia solo detecta el oro y, a veces, la plata”. Así como la autora de este escrito, quizás muchos de ustedes no sepan a qué se refiere. Este procedimiento se basa en la supuesta percepción a través de elementos que, en teoría, amplifican la capacidad de magnetorrecepción. Pese a ser muy cuestionado por la comunidad escéptica por no basarse en evidencias científicas ni contar con pruebas fehacientes de su efectividad, es uno de los métodos preferidos por los buscadores tradicionales.

Debido a las marcaciones fallidas, González decidió dejar de buscar junto con su equipo. Por eso, se dedicaba a “marcar” por encargo. “Normalmente se divide a la mitad, entre los buscadores y quienes piden el servicio, pero decidí solo marcar y cobrar por adelantado. Así, llegué a 12 marcaciones más y los que me contratan quedan felices porque no tienen que repartir”, cuenta Víctor. Hoy, por su estado de salud y sus responsabilidades familiares, solo asesora por medio de Facebook o WhatsApp a quienes buscan consejo.

Una deuda con la historia

“No es ningún mito, es una realidad”, enfatiza el arquitecto Jorge Rubiani. “Hay conocimientos concretos de gente que había dejado su patrimonio enterrado por la celeridad del abandono de Asunción durante la guerra”, afirma. La leyenda se sustenta en cómo se guardaron los tesoros cuando la población tuvo que salir apresuradamente de la capital en la media tarde del 21 de febrero de 1868. Y una de las pruebas que presenta es la cantidad de personas que se dedican al rubro y logran vivir de él.

Rubiani es uno de los mayores expertos en la materia, dedicó gran parte de su carrera a investigar temáticas que tienen que ver con la historia y la cultura paraguaya. Parte de su trabajo se enfoca, específicamente, en la Guerra contra la Triple Alianza y, posteriormente, en la plata yvyguy.

La explicación que él encuentra a lo sobrenatural tiene que ver con el secretismo: muchos de los buscadores no cuentan con un permiso para hacer las excavaciones, o no tienen los conocimientos necesarios para realizarlas; de ahí que las desgracias acaecidas durante las búsquedas puedan o quieran ser atribuidas a una entidad sobrenatural.

“Muchas personas decidieron buscar en un lugar porque se fundamentaron en hechos históricos, hicieron un rastrillaje con sus detectores y, de esa manera, tienen relativa seguridad de que van a encontrar algo”, indica. Los artefactos hoy son mucho más precisos e incluso se puede seleccionar el metal que se desea encontrar.

¿Es posible hallar tesoros bajo la tierra paraguaya? Para Jorge Rubiani, sí. “Mientras la cuestión se remita a los esfuerzos de algunas personas, nunca será suficiente para llegar a dilucidar todo lo que subyace en el suelo del Paraguay”, afirma. “Ojo, no siempre será riqueza material rentable, como un objeto de oro, a veces quizás se trate de herramientas, de armas”, observa.

El desarrollo topográfico (natural y artificial) influye, sobre todo, en los mapas, como los mencionados anteriormente. “Mucha gente en Asunción edificó sobre lugares en donde se decía que había tesoros, otros encontraron al excavar… y son casos que nunca se investigan, no hay una intervención del Estado nacional, como sí sucede en países como Argentina o Brasil”, cuestiona Rubiani. “Mientras no tengamos una versión oficial, fundamentada, científica, sobre la base de investigaciones hechas por expertos, las personas van a seguir especulando con lo que le cuenten”, interpela.

En nuestro país, hay un sinfín de cosas perdidas; a veces se encuentran, a veces no. Para Rubiani, tiene que ver con el desdén que sentimos hacia nuestro pasado, pero también se podría pensar que su razón fundamental es la desidia hacia el presente.

Por Laura Ruiz Díaz. Dirección de arte: Gabriela García Doldán. Dirección de producción: Betha Achón. Fotografía: Javier Valdez. Locación: Archivo Nacional.

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