Por Esteban Aguirre Barrail - Director Ojo de Pez S.A |
Me encontraba sobrevolando algún lugar del Chaco paraguayo, volviendo a casa después de un viaje que me tocó hacer. En el intento de dormir un rato antes de tocar tierra me enganché con el radio so’ó del avión, en el cual pude escuchar el diálogo de 1 hora y 20 minutos entre un joven paraguayo, que volvía luego de 3 años de exilio en España y una joven que regresaba de Argentina.
Ella, un estereotipo -poco feliz si me lo preguntan- la “paraguasha”, engendro producido al enviar a una paraguaya a trabajar a Argentina, en algún momento algo explota en su cerebro que produce una xenofobia extraña hacia su propio país, ¿el resultado?, uno de los acentos más extraños. Lo interesante de este cóctel molotov hecho conversación es lo antagónico de los protagonistas. Por un lado un muchacho, con “saudade” de la sopa paraguaya al tatakua que su mamá le preparaba los domingos o tal vez del beso interrumpido que dejó con la novia, sin mencionar las cervecitas con los primos y vecinos.
Por la otra parte tenemos a una nefasta tormenta narcisista de palabras “gratas” (la villana de la novela) que trataba al muchacho como niño de aldea con un tono condescendiente repleto de grandes “fashas”, en la utilización de su recién inventado acento (puedo jurar que escuché en un momento al número 8 ser llamado osho).
Derlis, nuestro amigo español, no tenía más remedio que vociferar un “joder, ¿en serio piko?”, cada tanto, para no quedar rezagado de la iracunda lengua argentina de nuestra villana. Pude observar a Derlis mirar por la ventanilla del avión y gritar como niño en juguetería luego de divisar el 30 rojo "¡ya veo el colectivo, che mopirimba, compañero!”, a lo que Miriam, la paraguasha, responde “wow, el pibe flasheó mal”.
La pregunta del día: ¿dónde queda nuestra propia nacionalidad?, ¿dónde el amor a la patria?, ¿en qué momento del viaje que hace nuestro cuerpo a un otro país la mente se olvida que el ceño o la jeta ya narra la historia de que somos paraguayos? El acento no cambia esto para nada. El eterno sueño fruncido de querer volver al mismo lugar (lo extrañamos y aunque tenga mil errores por corregir seguimos amando al Paraguay) sin ser la misma persona. Sin ser paraguayos. “Somos de donde necesitamos saber”, Hernán Casciari.