03 may. 2026

Su hijo, ¿habla guaraní?

Por Sergio Cáceres Mercado – caceres.sergio@gmail.com

caceres, sergio

El miércoles pasado moderé una de las mesas en el Foro Interdisciplinario de Ciencias Sociales (Ficso), compuesta por dos grandes investigadores de las lenguas del Paraguay: Bartomeu Melià y Hannes Kalisch. En el momento del debate con el público, uno de los asistentes, el conocido periodista Arístides Ortiz, comentó una experiencia personal: desde que su hijo tenía 7 años le habló sistemáticamente en guaraní y hoy que tiene casi 20 años ya admite resignado que su vástago entiende cuando le hablan en dicho idioma, pero no lo puede hablar. Arístides averiguó el caso de conocidos guaraniólogos y se encontró sorprendido con que los hijos de ellos tampoco hablaban guaraní.

Ya en un ambiente distendido, tales asuntos los seguimos discutiendo luego con el antropólogo argentino Fernando Rabossi (quien fue el conferencista central del Ficso) y otros amigos que participamos del foro. ¿Qué hacer ante tantos cambios que constantemente sufren las culturas? ¿Se perderán indefectiblemente algunos de sus ricos elementos?

Las culturas son dinámicas. Desde siempre han sufrido cambios. No existe una cultura pura o algún elemento cultural como un rito, una costumbre, una tecnología, una lengua que haya permanecido igual a lo largo del tiempo; se han transformado, a veces radicalmente, y en otros casos han perecido. Los procesos de transculturación e hibridación son muy bien conocidos por los antropólogos y esto les hace conscientes de que estos cambios son parte del juego.

De nosotros, y muchos otros elementos que quizá no podamos controlar, dependerá que algunos de tales componentes culturales se pierdan o no. La nostalgia que sentimos por el guaraní que hablábamos y hablaban nuestros padres; la angustia que sentimos ante la idea de que indefectiblemente es una lengua que se va quedando sin hablantes, es la misma que sintieron muchísimos seres humanos ante lenguas que ahora ya son muertas o son vestigiales. Hay algunos que pelean denodadamente, como Kalisch con el enleht. ¿Que nos dirán los guaná, cuyos hablantes apenas son tres en el Paraguay? Frente a estos, el guaraní es una lengua privilegiada.

Muchas de estas perplejidades tuvimos en el Ficso. Las investigaciones antropológicas tienen tantos frentes de complejidad, problemas apasionantes para pensar. Algunas seguramente habrán atisbado una posible solución, pero lo único cierto es que el trabajo será siempre arduo y con muchos laberintos y decisiones difíciles que tomar. ¿Podemos convertir al guaraní en una lengua verdaderamente nacional o debemos resignarnos a verla convertirse en un residuo hablado por una minoría? Si se da esto último, ¿dejaremos de ser paraguayos?, o, como dijo José Zanardini, el que haya mbya con tractores, o maka que venden sus elementos en Ciudad del Este o Encarnación y hablando otro idioma, no los hace menos que sus ancestros, sino simplemente son mbya y maka que también sufren los cambios sociodinámicos como todos los demás.