03 may. 2026

Siempre presente

Roque Santa Cruz siempre está. Defendiendo a la Albirroja o con la familia, el futbolista marca presencia; y a punto de enfrentar un nuevo torneo continental, cuenta a los lectores de Vida cómo pudo armonizar las exigencias de la alta competencia con su rol de padre.

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Revista Vida

Debutó en la Primera División de Olimpia poco antes de cumplir 16 años de edad. Aquella jornada de 1997 parece lejana, pero desde entonces y hasta ahora, Roque Santa Cruz ha sabido armonizar su carrera profesional con la formación de una familia sólida, que le ha permitido sobrellevar las presiones de la alta competencia. A las puertas de una nueva edición de la Copa América, el referente de la Albirroja mantiene el entusiasmo y la ilusión de aquel día en el que se hizo presente en el fútbol grande y nos cuenta cómo hace para ser un buen padre, a pesar de las exigencias de la fama.

– ¿Cómo es la vida de un futbolista de alta competencia?
– Es muy cansadora. Tiene sus cosas lindas, pero también facetas más complicadas.

– Tu carrera te exige mucha dedicación. ¿Podés ser un padre presente?
– Para nosotros es un privilegio tener una profesión en la que estamos con ellos antes de que salgan para el colegio. Voy a entrenar y los puedo volver a recoger de allí. Hay mucho tiempo para compartir con ellos, esa es la gran bendición. Tenemos la oportunidad de ser padres presentes y estar verdaderamente muy pendientes de su educación, de su desarrollo y de los problemas que puedan tener como niños, que siempre existen en el colegio; poder ayudarles y hacer que se sientan verdaderamente apoyados.

– Desde afuera creemos que el futbolista profesional no tiene tiempo para la familia.
– Cumplimos horario de oficina prácticamente, desde las 9.00 hasta las 15.00. Hacemos trabajo físico y después queremos descansar, pero cuando uno tiene cuatro hijos, es difícil llegar a casa y dormir la siesta, por ejemplo, porque los chicos quieren jugar con uno y hay que buscar el equilibrio para tenerlos contentos. Ellos quieren compartir con su papá.


– Tuviste la oportunidad de vivir en varios países. ¿Cómo afectan los cambios a tus hijos?
– Uno siempre está mucho más pendiente de la calidad de vida que pueda tener la familia y de cómo puede afectar la adaptación a ese cambio. Así que ya no es solo el fútbol, que siempre es importante. Al final la familia junta y unida puede salir adelante en cualquier sitio. Yo siempre busco que tengan las comodidades, las facilidades para que el cambio les resulte fácil y que vayan a disfrutar y a pasarla bien. Porque al final se trata de eso, de que el cambio sea para aprender, que sirva y no suponga un golpe.

– ¿Qué tiene de diferente ser hijo de un futbolista famoso?
– El fútbol es un deporte de mucha pasión, en el que hay mucho fanatismo. Los hijos deben aprender a convivir con gente que no siempre va a estar del lado del papá futbolista, del papá que juega en el equipo contrario de la ciudad. También tienen que aprender a sobrellevar otras cosas. Pero al final, los traspiés que puedan tener sirven para que vayan aprendiendo y creciendo.

– ¿Cómo lo sobrellevan tus hijos?
– El más chico todavía no entiende mucho y se pone celoso cuando salimos por la calle y la gente me pide fotos. Se pone enfrente y no quiere que me saquen la foto. Los más grandes sí ya entienden. Saben que la gente está pendiente de lo que uno hace. Los llevo a menudo a ver nuestros entrenamientos para que sepan cómo pasamos el día. Ellos ven a la gente que se queda fuera esperando autógrafos, y mismo estando cansado, uno se tiene que tomar el tiempo de bajar y hablar con los fanáticos. Que se den cuenta de lo que supone para un fanático estar parado horas hasta que los jugadores salgamos. Ellos lo entienden y están orgullosos de lo que su papá es y de lo que conlleva todos los días el fútbol.

– ¿Qué esperás que sean tus hijos?

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Roque con su esposa Giselle y sus cuatro hijos: Tobías (11), Fiorella (9), Benjamín (4) y Alaia (10 meses).

– Que tengan sentido de responsabilidad, de disciplina y de terminar lo que comienzan; saber que cuando uno toma alguna responsabilidad, la tiene que cumplir y llevarla a cabo. Creo que lo mejor que uno le puede enseñar a su hijo son los valores, que es lo que hace que uno se pueda desenvolver bien en la vida. La educación es importante para todo eso. Mientras más valores lleven de casa a la escuela y puedan incorporar buenos hábitos, será mejor para ellos más adelante.

– ¿Los estimularías si quieren ser futbolistas profesionales?
– Ellos son libres de elegir y de hacer lo que a ellos les agrade y les motive. Como padres, queremos apoyarles en cualquier iniciativa que ellos tengan, que no tiene que ser necesariamente en el fútbol; puede ser en el tenis, en el rugby, si les gusta, o cualquier otra actividad. Lo importante es que sepan que van a tener nuestro apoyo y que ellos se diviertan haciendo las actividades que quieran hacer.

– ¿A qué se dedica Giselle?
– Ambos estudiamos a distancia, hacemos cosas para entretenernos y para seguir ocupando nuestro tiempo dentro de la educación, pero con los chicos es muy exigente el trabajo de ser madre, y ahora está todo el tiempo con la beba. Yo soy el entertainer de la casa. Juego al fútbol con los más grandes; a mi hija también le gusta jugar. Jugamos al frisbee y ping-pong; Tenemos una mesa en casa. Jugamos a las escondidas, al pilla-pilla; todo lo que a ellos les gusta. Son de querer jugar con su papá y de tenerme cerca y hacer cosas juntos.

– ¿Cómo hacés para no caer en las tentaciones que hoy rodean a los futbolistas profesionales?
– Tiene mucho que ver la forma en la que viví mi infancia. Tengo, gracias a Dios, una familia muy unida. Con ella pasábamos mucho tiempo juntos. Crecí viendo eso y queriendo lo mismo para mí. Supone una alegría tener tiempo o algún fin de semana libre para pasar el día con ellos. La familia es siempre tu cable a tierra. Cuando las cosas van muy bien, vuelvo a casa y escucho que mis hijos me hablan con una naturalidad y una normalidad que a veces no encuentro en la calle. Y cuando las cosas van mal, es lo mismo; las cosas no siempre están tan mal como la gente piensa ni tan bien como uno se cree. La familia te da esa estabilidad emocional de saber que lo importante es lo que se encuentra ahí.

– ¿Cómo sos con tus hijos? ¿Son exigentes como padres?
– Considero que soy un poco como era mi papá con nosotros. Soy un profesor para ellos, les enseño lo que yo viví. Dentro de eso, les digo que el trabajo tiene recompensa, y que la disciplina y el respeto no se negocian. Soy exigente más con las cosas relacionadas con los valores antes que con temas del colegio. A mí me exigían mucho tener buenas calificaciones. Y yo por lo menos me inclino a ser más exigente con lo relacionado con los valores, con los hábitos, con el respeto y la creencia de que teniendo esas cosas lo demás viene por añadidura. Pero sí somos exigentes en casa. Queremos que vivan como niños el mayor tiempo posible, de que no tengan ningún tipo de distracciones. Tratamos de evitar dentro de lo posible esta manía de los juegos electrónicos, los iPads y todo eso; que sus juegos sean didácticos, como los que nosotros hacíamos, para que así puedan disfrutar de su infancia. Pero sí, mi mujer y yo somos exigentes con ellos.

– ¿Hasta cuándo te ves jugando como profesional?
– Uno llega a una edad en que los planes van año a año. Tengo todavía contrato por un año y medio más en México, y luego las cosas ya vienen por sensaciones. Mientras me siga divirtiendo y sintiendo competitivo, voy a jugar. Vamos a ver qué pasa después.

– ¿Tenés pensado qué hacer después?
– No me veo como entrenador. Me gusta mucho la parte de la educación para los niños más que para entrenar jugadores formados. Pero sí tengo otras cosas en mente que no tienen nada que ver con el fútbol, como la fundación que llevamos adelante con la familia. Me gustaría dedicarme a eso de manera más directa. Ahora, por mi carrera no puedo estar al tanto de lo que va pasando. Es una actividad que me resulta gratificante y que me gusta hacer.

– ¿Alguna actividad relacionada con el comercio?
– Tengo en el extranjero algunas cosas. Claro que uno debe estar pendiente y atento a las inversiones. Tampoco son actividades que demanden mucho tiempo. Yo soy muy receloso de mi tiempo. Me gusta hacer cosas con la familia sin tener que estar pendiente de horarios ni de calendarios. En ese sentido, el gran regalo que mi carrera me da es ser independiente de esas obligaciones. Y si en el futuro mi hijo de 20 años me invitara a tomar un café, el poder salir sin tener obligaciones que me lo impidan serían cosas gratificantes.

– ¿Pensás vivir en Paraguay cuando te retires?
– El único lugar donde la familia se plantea vivir sería en España, pero tenemos a nuestras familias aquí, a nuestros padres, hermanos, sobrinos, tíos, que nos atan mucho en nuestro país.

Fotos: Rudy Lezcar

Minibío
Roque Luis Santa Cruz Cantero nació en Asunción el 16 de agosto de 1981. Es hijo de Aproniano Santa Cruz, exfutbolista, y de Celina Cantero. Está casado con Giselle Tavarelli y es papá de Tobías (11) y de Fiorella (9), nacidos en Múnich; de Benjamín (4), nacido en Mánchester, y de Alaia (10 meses), nacida en Málaga.

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