Uno de los mayores placeres en mi infancia era participar en las reuniones de los adultos que se hacían en casa. Esto me permitía picar algún “bocadito” y escuchar la conversación de los “grandes”, tratando de pasar inadvertido a fin de evitar que alguna tía vieja diga algo como: -¿Les parece apropiado que el chico esté escuchando esto? Era ese el momento en que mis padres decidían que alguien estaba de más en el encuentro, y era conminado a ir a la cama.
Años después, en las postrimerías de la “edad del pavo” y comienzos de la juventud -en esa edad que los angloparlantes definen como los “teen"-, mi participación en las tertulias era libre y activa. Opinaba con ínfulas de sabelotodo sobre lo que creía conocer y de lo que no tenía la mínima idea. Es así que en algún momento de la reunión, cuando el “pendejo plomo” fastidiaba por demás a los presentes, mi madre, que hablaba poco, pero decía lo justo, recurría a una famosa y castiza cita: “Quien con criatura se acuesta, meado se levanta”.
Esas palabras eran como un “gancho” de Mike Tyson. Me dejaba knockout, fuera de combate, ya que el conocido dicho enseña el inconveniente de dar demasiadas “alas” a quien no está preparado para merecerlas.
Resulta preocupante y peligrosa la torpeza política de los “onanistas” del siglo XXI; perdón, socialistas del siglo XXI, que ocupan cargos en el entorno más cercano del presidente Lugo. Son ellos, semana a semana, los protagonistas de alguna situación de crisis que lleva al Ejecutivo a un estado de crispación y beligerancia con los otros poderes del Estado. Su falta de experiencia en el “juego democrático”, donde el sistema obliga a una negociación constante, es lo que está haciendo que el Gobierno no pueda llevar adelante sus proyectos.
Los habitantes de este país estamos acostumbrados a las “barbaridades” que se gestan en la Cámara de Diputados, y en menor medida en la de Senadores. Pero es una realidad con la cual el Ejecutivo debe convivir, como lo hicieron los gobiernos que ya se fueron.
Que el monseñor Melanio Medina, Elvio Benítez, ña Deló o Mickey Mouse planteen la disolución del Parlamento o una consulta popular para evaluación de la gestión, no causa efectos en la gobernabilidad. Pero cuando el jefe de Gabinete y “Superministro” hace suyos estos deseos de particulares que no están en gestión de gobierno, no hace más que agregar combustible a una fogata que de por sí se se encuentra avivada por las constantes “metidas de pata” e impericia al gobernar.
Es hora de que ese “primer anillo” deje de tensar la piola al máximo y se dé cuenta de que su forma de pensar es absoluta minoría en este país. Y aunque sueñen con una “democracia popular” al estilo de la Cuba de Castro, deben convencerse de que esto no es posible, por lo menos por ahora, pues la gran mayoría de los que llevaron al poder a Lugo tienen un sentido de pertenencia a los partidos tradicionales, y lo encorsetan dentro de un sistema conservador.
Cuanto más temprano lo entiendan, podrán mejorar su gestión de gobierno y culminar el periodo constitucional, que es lo que conviene al país.
Es hora de que el presidente deseche a los cortesanos torpes e intrigantes y se decida a gobernar, siguiendo los consejos de la gente avezada en lides políticas con que cuenta en su propio gabinete. Mientras con López Perito y Camilito se siga acostando, meado se continuará levantando.
Carlos Luis Cubas Escobar
C.I. N° 1.047.292
¿QUÉ CLASE DE GOBIERNO TENEMOS?
“Quo vadis?” podríamos decir también hoy los paraguayos cuando observamos la situación de nuestro país.
De hecho que el Paraguay nunca ha tenido una clase política, que yo, con mis cinco décadas, recuerde, coherente y realmente patriota. Ya ni siquiera sé si se puede hablar de patriotismo, aquí deberíamos hablar de responsabilidad, de honorabilidad, de ética y, mucho más lejos de todo, de moral.
Observo que los políticos solo luchan por hacer caer o entorpecer el trabajo de los miembros de los otros partidos; veo que nadie se esfuerza por proponer soluciones a los distintos temas que nos afligen y, por sobre todo, los temas que nos pueden hacer caer en una recesión o depresión económica insostenible. Comencemos por nuestro presidente Lugo, quien no me define a qué norte debo ir, y yo que soy “Juan Pueblo”, quien no entiende mucho de los pormenores o entretelones de la política, quien mide la eficacia y la eficiencia del gobierno con la calidad de comida sobre mi plato, con la posibilidad de vestirme, de comercializar mis productos, de producir y de sentirme apoyado integralmente. Un “Juan Pueblo” que quiere enviar a sus hijos a la escuela, cuyo edificio sea digno de su niño o de su niña, que quiere llevar a su esposa enferma o parturienta a un centro de salud y salir satisfecho con la atención brindada... Al final, no sabe dónde está, ni a dónde debe dirigirse. Sigamos con el vicepresidente Franco, quien da más la sensación que constantemente está esforzándose por justificar su posición para no caer en lo que la mayoría de los “vices” fueron: floreros.
Y prosigamos con los muchos movimientos sociales que aparecen como hormigueros revueltos, tampoco sabiendo a dónde correr.
Manifestaciones aquí, invasiones allá, cierre de rutas por doquier, tractorazos también... ¿A dónde nos lleva todo este movimiento y toda la energía desperdiciada? ¿A dónde los llevan los intentos de frenar el desarrollo en pos de un seudoproteccionismo del Medio Ambiente, pues Paraguay ya tiene las mejores leyes medioambientales; a dónde nos llevan las declaraciones de emergencias, si (según lo que yo puedo ver, en el departamento en el que vivo) la ayuda no llega a dónde realmente debe llegar y no se involucra a las organizaciones que sí saben dónde hay emergencia. Nuestra SEN ¿tiene idea de dónde realmente hay emergencia? Nuestras gobernaciones, pobrecitas, no tienen cómo moverse, ni cómo cubrir los costos del poco moverse que logran. Solo leo y escucho de los miles de millones de guaraníes que se destinan y se liberan para la emergencia, pero ella sigue tan campante como el primer día.
Pero sí tenemos un Parlamento y citando lo expresado por el pa’i Oliva concluyo: “El Congreso nacional cierra la posibilidad al fisco para recaudar más fondos y, al mismo tiempo, fabrica más gastos corrientes, aumenta sueldos y da pensiones. El Congreso parece que no se conecta con el país. Entra en una locura”. El que tenga ojos para ver, que vea y el que tenga oídos para oír, que oiga; y que se manifieste, que exija, pero trabajado y aportando. Pero que lo haga pronto
Lic. Rodolfo Troche R.
C.I. 369.028