30 abr. 2026

¿Qué rayos sabe del secreto de este universo?

Algunos epistemólogos han escrito hace mucho que las actividades demarcadas como “pseudociencias” por el establishment científico se reposicionan en la sociedad adoptando el lenguaje normalizado de esa misma ciencia que las margina. Viene a cuento esto porque acabo de ver dos documentales, relacionados el uno con el otro, que siguen muy bien tal idea. Uno es El secreto, promoción del libro best-seller titulado igual, y el otro es ¿Qué rayos sabemos? El año pasado eran un boom y estaban en boca de mucha gente. Ahora que ha pasado la fiebre, las vi en formato DVD (ya que para leer el libro no tengo ni el tiempo ni la paciencia). Intenté que mis prejuicios intervinieran lo menos posible, y el resultado es que ambas películas me han creado sentimientos encontrados.
El secreto presenta una ley universal que llaman “De Atracción”, según la cual todo pensamiento-deseo es respondido por el universo con el mismo sentido. O sea, si mis ideas son negativas, me sobrevendrán cosas negativas, y viceversa. ¿Qué rayos sabemos? parte principalmente de la física cuántica, y un poco de la neurofisiología, para decirnos que la realidad que percibimos -y que nos coacciona- depende en gran medida de cómo la configuremos. Si lo hacemos desde afectos y pensamientos negativos, ella se programará para nosotros con ese signo, y viceversa. En muy resumidas cuentas, sendos filmes proponen que el pensamiento positivo -no la mala onda- es la clave de una buena vida, principio que toneladas de libros de autoayuda ya lo han dicho.
Es el documental que mejor me ha caído. Presenta una ley universal que muy pocos la han utilizado porque siempre se ha mantenido en secreto. Estos tiempos han movido a algunos de buen corazón a socializar ese conocimiento para que todos lo aprovechemos y seamos felices como ellos. La única condición para poner en práctica la Ley de Atracción con efectividad es que creamos en ella. Algo así como el principio cristiano de “creer para ser salvo”. Lo terrible de tal condición es que pide que tengamos fe, algo que en este tiempo de secularización es un acto muy escaso. Además, desde otro punto de vista, el creer o no creer en algo -o alguien- está determinado por pautas psicológicas muy arraigadas en nosotros. Todo esto explicaría por qué en estos años de que El secreto ya no es tal, todavía hay mucha gente infeliz en el mundo.

Acá nos encontramos con algo más pretensioso, al menos en los argumentos. El lenguaje “científico” es marcado, lo que para muchos, según la idea que enunciamos al empezar este artículo, lo hace más serio y creíble. Al igual que El secreto, utiliza la técnica de poner referentes autorizados que van explicando con ejemplos y su propia experiencia la verdad que quieren hacer llegar a todos. En ¿Qué rayos sabemos? aparecen muchos físicos, médicos, psicólogos, filósofos, mezclados con pastores, médiums y maestros espirituales. Cualquier aficionado a la divulgación científica o a la filosofía de la ciencia se puede dar cuenta de que utilizan de manera muy interesada principios cuánticos y neurofisiológicos. Incluso, hay un físico -que también aparece en El secreto- que dice una verdad de la cuántica que muy bien puede ser usada en contra de toda la película. Afirma algo así como que la física atómica enseña que lo único que sabemos de lo que ocurre dentro del átomo es que es puro azar y que todo es hipotético en su interior. Paradójico desde todo punto de vista.

Como se habrán dado cuenta, mis prejuicios han sido más fuertes que mi preten-siosa objetividad al momento de juzgar estos vídeos. Sin em-bargo, a pesar de encontrar muchas falacias y argumentos ramplones a lo largo de estos documentales, tengo que admitir que el mensaje final no es muy dañino. Pensar en po-sitivo para ser felices en esta vi-da no creo que sea un mal consejo. Para mi gusto fraca-san cuando la quieren expli-citar. Pero eso ya depende, co-mo siempre, de cada uno. Mu-chos encuentran la idea reve-ladora, y enhorabuena para ellos. No es la Ley de Atracción algo que ponga en práctica, pero sí aquella que dice que si algo le hace bien a una perso-na, y ese algo no daña a ter-ceros, pues allá ellos y ¡que les aproveche! Por supuesto que esta ley también es problemá-tica, y para discutirla, que no resolverla, tenemos que pasar a la ética y la filosofía política. Pero, como me dijo una amiga no hace mucho: “Ni Dios les dio el gusto a todos”. Que el universo les bendiga.
Sendos filmes proponen que el pensamiento positivo -no la mala onda- es la clave de una buena vida.
Opinión
Sergio CáceresMercado
Periodista
caceres.sergio@gmail.com