07 feb. 2026

¡Qué porquería es el glóbulo!

Así se titula el primer libro que un maestro de escuela uruguayo, llamado José María Firpo, publicó en la década del sesenta y que lo convirtió en celebridad. Se trata de una divertidamente tierna recopilación de dichos y escritos de sus alumnitos de los primeros años de primaria. <br>El texto recoge fragmentos de composiciones similares a este: “El átomo tiene alrededor como unos botoncitos que giran a una velocidad muy arriba de la anormal"; o este: “El riñón sirve para guardar el orín, o sea como decimos vulgarmente, el pichí. Entonces uno va orina y se pone tranquilo a leer la revista de chistes, contento y feliz de la vida”. El jueves pasado me acordé del delicioso librito de Firpo. Venga, le cuento por qué.<br>A algunos periodistas de este diario se les ocurrió proponer a estudiantes del último año de colegios y primeros cursos de universidades públicas y privadas un cuestionario destinado a medir su conocimiento de cultura general. Créame que las preguntas eran básicas, del tipo: ¿cuándo se recuerda la Independencia Nacional? Los resultados son para llorar, pero prefiero buscarle el lado divertido. Hubo uno que dijo que Mangoré “era un indio tupí que reclamaba sus derechos”. Otro ?del tercer año de la media?, aseguró que el Paraguay “es mediterráneo porque está en el continente de América del Sur, en los países bajos”.<br>Afirmar que la reforma educativa está arrojando al mercado una camada de jóvenes despistados e incultos sería algo simplista. Pero ?y allí radica la tragedia?, no totalmente equivocado. Esta generación, integrada mayoritariamente por individuos capaces de deletrear textos, pero no de entenderlos, se comunica con un lenguaje verbal y escrito que no llega ni al 50% de lo apropiado para su edad. Son víctimas de un sistema que ha erradicado de sus códigos cotidianos el rigor y la exigencia. Son los hijos previsibles ?ni análisis de ADN hace falta para reconocerlos? de maestros tan mal formados como ellos.<br>En el año 2001, una evaluación del proceso educativo realizada por el Ministerio de Educación revelaba que los futuros docentes ?tercer año del profesorado? sabían apenas 66% del currículum de Castellano. Una de las pruebas de redacción consistía en escribir una carta al ministro de Educación. Un de esos textos fue publicado por el diario ABC: “Querido excelentísimo ministro con el devido respeto te escribo para expresar la tremenda preocupación por la educación que cada día va de mejor en peor por la falta de incapacidad de ingobernabilidad?” ¿Qué puede aprender el alumno de un docente con estas deficiencias? Y, a su vez, ¿qué nivel de rendimiento puede exigir ese maestro <br>La consecuencia inevitable es que todo se empareje por la mediocridad. A mediados de 2002, Última Hora publicó el examen de una alumna del entonces Colegio Nacional de Niñas que fue premiado con la nota máxima. En la exitosa prueba los “puntos cardinales” eran definidos así: “Son los que pueden usar las fuerza del govierno y pueden ser los seres humanos tambien en asociación”.<br>La triste realidad con la que se confronta la política educativa es que el producto final se parece bastante a un ser medio bobo, apático y desinformado. Hay que hacer algo antes de que a alguien se le ocurra publicar un best seller como el del maestro uruguayo. Solo que éste reproducía lo que escribían los niñitos de primaria. Y aquí, el material lo podrían proporcionar egresados universitarios.<br>