Opinión

Operativo quimioterapia en el Este

Andrés Colmán Gutiérrez – @andrescolman

A los turistas que ingresaban al país por el Puente de la Amistad, ver el uniforme de un policía municipal de tránsito en la calle, más que inspirar seguridad, les despertaba miedo. La estructura de corrupción e impunidad provenía desde la época dictatorial, pero fue perfeccionada durante los 17 años en que el llamado clan Zacarías permaneció al frente del Municipio de Ciudad del Este.

Inventaban infracciones y exigían coimas. En lugar de ayudar a agilizar el tráfico en la zona primaria del paso fronterizo, lo trancaban aún más. Prisioneros de largas e interminables colas, los automovilistas recibían la invitación de un “guía de turismo” para evadir el atasco por un camino alternativo a cambio de “una propina”. Los policías abrían camino a silbatazos y los turistas eran llevados a través de estacionamientos de lujosos shoppings (construidos también en propiedades públicas negociadas) hasta la misma cabecera del puente. La burda operación era conocida como “fura fila” (agujerear fila, en portugués) y rendía millones al final del día.

Tras ganar las elecciones y asumir la intendencia como el resultado de una verdadera revuelta ciudadana marcada por el hartazgo ante la corrupción y el autoritarismo, el joven intendente Miguel Prieto procedió a clausurar las salidas alternativas para intentar poner fin a las maniobras delictivas de los agentes de tránsito que había heredado. No hubo caso. Encontraban otras maneras de coimear y seguir lucrando.

¿Cómo cambiar lo que ya está extendido como un cáncer en una sociedad? Al intendente esteño y los miembros de su equipo se les ocurrió el “operativo quimioterapia”. En forma silenciosa empezaron a reclutar hombres y mujeres, principalmente jóvenes, para formarlos como nuevos agentes de tránsito, con valores diferentes. Cerca de un centenar de voluntarios recibieron una intensa capacitación casi en la clandestinidad por parte de instructores de la Base Naval de Ciudad del Este y de la Prefectura Municipal brasileña de Foz de Yguazú en áreas como ordenamiento de tránsito, conocimiento de leyes y reglamentos, derechos humanos, relaciones humanas y públicas, sicología laboral, primeros auxilios, comunicación, etcétera.

Este jueves, muy temprano, el equipo ejecutivo y jurídico de la intendencia dio un golpe de sorpresa, desmantelando la antigua Dirección de Tránsito. Ni uno solo de los 61 agentes quedó en su puesto: 40 fueron desvinculados, 11 comisionados y el resto a disposición de recursos humanos. Por todo un día Ciudad del Este se quedó sin un solo policía de Tránsito y la Patrulla Caminera suplió el vacío. El viernes, en un acto público, fueron presentados los 80 nuevos agentes de la nueva PMT. Hasta el color del uniforme es radicalmente distinto.

Habrá que ver cómo se desarrolla a partir de ahora esta audaz iniciativa. En una época en que existe gran escasez de autoridades y dirigentes políticos que se jueguen por los intereses de la ciudadanía, la actuación del intendente esteño desde que asumió el cargo en mayo pasado constituye una estimulante revelación. Sin temer a las consecuencias, desvinculó de un plumazo a 861 funcionarios considerados planilleros, recuperó la Terminal de Ómnibus de manos de una empresa privada envuelta en acusaciones de negociados, mostró capacidad de pactar con algunos de sus adversarios para convertir la minoría en una mayoría a favor en la Junta Municipal y lograr que se destraben varios proyectos de obras que estaban vetados. Desarrolló una capacidad de comunicación directa con la ciudadanía, que hasta ahora es su principal fuerza. Ha cometido algunos errores y seguramente los seguirá cometiendo, pero también ha demostrado la capacidad de aprender de ellos y de superarlos.

Si no se desbarranca prematuramente por el camino, Miguel Prieto apunta a ser unos los protagonistas claves para un proyecto de cambio político que se pueda proyectar a nivel nacional, en un futuro próximo. Es para tenerlo en cuenta.

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