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Mi casa es para la oración

 

Hoy meditamos el Evangelio según San Juan 2, 13-25.

El papa Francisco, en oportunidad de una celebración del Ángelus en la Plaza de San Pedro dijo: “El Evangelio de hoy nos presenta el episodio de la expulsión de los vendedores del templo. Jesús ‘hizo un látigo con cuerdas, los echó a todos del Templo, con ovejas y bueyes’ (v. 15), el dinero, todo. Tal gesto suscitó una fuerte impresión en la gente y en los discípulos. Aparece claramente como un gesto profético, tanto que algunos de los presentes le preguntaron a Jesús: ‘¿Qué signos nos muestras para obrar así?’ (v. 18), ¿quién eres para hacer estas cosas?

Muéstranos una señal de que tienes realmente autoridad para hacerlas. Buscaban una señal divina, prodigiosa, que acreditara a Jesús como enviado de Dios. Y Él les respondió: ‘Destruid este templo y en tres días lo levantaré’. Le replicaron: ‘Cuarenta y seis años se ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?’.

No habían comprendido que el Señor se refería al templo vivo de su cuerpo, que sería destruido con la muerte en la cruz, pero que resucitaría al tercer día. Por eso, ‘en tres días’. ‘Cuando resucitó de entre los muertos —comenta el evangelista—, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y creyeron a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús’ (v. 22).

En efecto, este gesto de Jesús y su mensaje profético se comprenden plenamente a la luz de su Pascua. Según el evangelista Juan, este es el primer anuncio de la muerte y resurrección de Cristo: su cuerpo, destruido en la cruz por la violencia del pecado, se convertirá con la Resurrección en lugar de la cita universal entre Dios y los hombres. Cristo resucitado es precisamente el lugar de la cita universal —de todos— entre Dios y los hombres. Por eso su humanidad es el verdadero templo en el que Dios se revela, habla, se lo puede encontrar; y los verdaderos adoradores de Dios no son los custodios del templo material, los detentadores del poder o del saber religioso, sino los que adoran a Dios ‘en espíritu y verdad’” (Jn 4, 23).

(Frases extractadas de http://w2.vatican.va/content/francesco/es/angelus/2015/documents/papa-francesco_angelus_20150308.html) )

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