A 50 años de la muerte de Marilyn Monroe, el 5 de agosto de 1962, la demanda por todo lo relacionado con la explosiva rubia de Hollywood -desde los vestidos que lució hasta las portadas de revista en las que apareció- es más fuerte que nunca. Y más global también.
“Todo lo que venga de Hollywood, o sea de las celebridades, es un gran negocio en el mundo de las subastas”, dijo el curador Dwight Bowers, en una sala del museo llena de objetos del mundo del espectáculo.
OBSESIÓN DE COLECCIONISTAS. Los objetos de la actriz, desde sus preciados vestidos hasta su humilde cámara de fotos, son buscados y comprados a precio de oro, en el mayor secreto, por ricos coleccionistas, a cinco décadas de la muerte, a los 36 años, de este ícono del cine.
El año pasado, el emblemático vestido de Monroe levantado por la brisa de la rejilla del metro en The Seven-Year Itch (La comezón del séptimo año, en Latinoamérica) se vendió en Los Ángeles por la increíble suma USD de 4,6 millones, más la comisión.
También en 2011, otro vestido que Monroe usó en el western River of no return (Almas perdidas, en Latinoamérica) se remató por USD 516.000 dólares en Macao, China. Además, por 16.250 dólares se vendió un desnudo firmado de su sesión de fotos “de terciopelo rojo” con el fotógrafo Tom Kelly.
Todos los recuerdos de la estrella se cotizan hoy a precios tan altos, que las instituciones públicas tienen pocas posibilidades de adquirirlos.
En Washington, el Museo de Historia Nacional Estadounidense, propiedad de la Smithsonian Institution, la mayor red mundial de museos, tiene apenas un par de guantes de Monroe. AFP