Eran las once de la noche y Amelí se fue a buscar las entradas para el espectáculo, la verdad, surrealista: un concierto en el patio delantero de una ex mansión arábiga de la vieja opulencia. Sentados con Tanita, George, Satiná, Amelí, Denise y compañía, esperamos hasta entrada las doce. De repente aparecen dos personajes que parecían el día juntado con la noche: Kevin/Liniers. Confieso que quizá ya parezco un disco rayado, pero tengo que repetir lo mismo que dije hace unos meses sobre el “desconcierto” de Dequení, “asemejado más que a un concierto, a una joya realista de la pintura universal, más allá de la música”.
La sinergia, el dúo se hizo sentir desde el principio: uno dibujante, el otro músico; pero a veces la forma no tiene nada que ver con el fondo, como le decía a mi primo Pape, no hacía falta la banda de varios músicos que suele acompañar a Kevin; la banda estaba representada en el imaginario por el dibujante Liniers. A partir de ese dato, la figuración está cambiada, la perspectiva es otra, la mirada distinta, va más allá del “cómo ejecutó la guitarra Johansen”, va más allá del “cómo dibujó Liniers"; era una especie de “real picture show”, los dibujos de Liniers parecían una música y la música de Kevin se asemejaba a unos dibujos.
La noche transcurría, la música y los dibujos se desparramaban entre la concurrencia y el pastizal, bajo la atenta mirada de la arabesca mansión “ochentosa” convertida en club nocturno, músicas de su autoría, mezcladas con el cancionero popular o el pop británico; mientras, Liniers dibujaba, con mucha libertad; a esa altura ya empezaba a cantar o a ejecutar algún instrumento; y Johansen casi a pintar, lo que podríamos decir “yo pinto tu música y vos ejecutás mi pintura”.
Simbiosis, el arte está totalmente amalgamado, ya no existen “las bellas artes”, ya no existe el placard del arte, el mundo cambió de pensamiento, no se puede más separar el canto del dibujo, de la danza o de la escultura; todo convive en el mismo espacio, en el mismo patio, en un solo lugar. El dúo Liniers/Johansen nos contó, nos escribió un libro, nos dejó un mensaje, más allá de “saber dibujar”, más allá de “saber de música”.
ToniRoberto
Artista visual
tonyrobertotercero@yahoo.com