Correo Semanal

Martin Buber, el filósofo del diálogo y del encuentro

"La esperanza de esta hora depende de nosotros mismos" sostiene el gran erudito judío, filósofo religioso, humanista y maestro del estilo de la prosa alemana.

María Gloria Báez
Escritora

Toda la vida real es un encuentro”. Esta frase es una de las más conocidas y probablemente la más citada por el erudito judío, filósofo religioso, humanista, traductor e intérprete bíblico y maestro del estilo de la prosa alemana, Martin Buber (1878-1965), quien dejaba de existir hace 55 años.

La piedra angular de la escritura y la filosofía de Buber es Yo y tú, publicada en 1923, redactada durante muchos años. La singularidad de este libro, y la forma en que eligió Buber para su conclusión: “Toda la vida real es encontrarse”, fue especialmente descrita por Jorge Luis Borges en su conferencia Charles Eliot Norton (1967), en la cual recordó su impresión inicial del libro como una colección de “poemas maravillosos”, y su posterior “asombro”, algún tiempo después, al darse cuenta de que “Martin Buber era un filósofo y que toda su filosofía residía en los libros que leí como poesía”.

Borges continuó observando: “Acepté estos libros porque me llegaron a través de la poesía, de la sugestión, de la música de la poesía, y no como argumentos”.

REALISMO E IDEALISMO

Se puede dividir la vida de Buber en tres periodos: periodo juvenil místico nietzscheano; segundo periodo, “dialógico” (donde produjo Yo y tú, junto con varias otras obras), incluido su liderazgo público entre los judíos alemanes hasta su emigración a Palestina en 1938.

Su periodo final, uno de amplia instrucción educativa, escritura prolífica, oratoria, viajes y apoyo a la reconciliación judío-árabe. Asimismo, la crítica filosófica de Buber tiende a centrarse en tres áreas: 1) cuestiones epistemológicas sobre el estado de la forma de relación Yo-Tú y el estado del mundo objeto delimitado por la forma de relación Yo-Él; 2) cuestiones hermenéuticas con respecto a la lectura de Buber del material de origen jasídico, y 3) dudas con respecto a la retórica y el estilo del autor que tocan la filosofía del lenguaje. Las tres líneas de crítica tienen en su núcleo el problema del conflicto entre realismo e idealismo, afirmación y negación del mundo.

Con los nazis en el poder, abandonó Alemania en 1938 y se instaló en Jerusalén, entonces capital del Mandato Palestino. Sostenía la idea de un estado binacional para palestinos y judíos. Con la guerra de 1948 y el establecimiento del estado de Israel, Buber se trasladó a un barrio judío en la Jerusalén dividida. Ahí abandonó su búsqueda de un estado binacional, pero siguió defendiendo una federación de estados del Cercano Oriente, tanto de árabes como judíos, apoyando hasta el final de su vida, los esfuerzos de acercamiento entre palestinos y judíos.

Con respecto al problema árabe-israelí, fue el primero en luchar por un estado binacional y escribió extensamente sobre la cuestión del respeto entre los pueblos del Cercano Oriente, al mismo tiempo advirtiendo de los riesgos que se correrían si este no fuera el caso. Sus pensamientos sobre el tema, son aún más contundentes en la época contemporánea, ya que, hasta cierto punto, fueron premonitorios e innovadores.

HUMANISMO

El humanismo de Buber parece ser una noción extraña y lejana cuando el odio a los demás constituye nuestra dieta diaria de noticias e imágenes. Un tema recurrente entre muchas noticias es la creciente ola de polarización en la sociedad actual. En un discurso poco discutido, Buber ofrece un análisis de la desconfianza generalizada que habla de la división político-cultural contemporánea.

En 1952, Buber dio una conferencia titulada Esperanza para esta hora. Su objetivo era ofrecer una evaluación honesta de la vida durante la escalada de la Guerra Fría. Afirmaba: “El mundo humano está hoy, como nunca antes, dividido en dos campos, cada uno de los cuales entiende al otro como la encarnación de la falsedad y a sí mismo como la encarnación de la verdad”.

Buber no abogaba por una posición centrista entre estos dos campos; tampoco trataba de intervenir sobre los puntos en disputa entre ellos. Más bien, analizaba cómo este desacuerdo sobre las filosofías políticas y económicas constituye un lugar de polarización. Postulaba así, tres puntos que son relevantes para este momento en nuestro panorama social.

Primero, debemos ser críticos con la forma en que se enmarcan los desacuerdos. En la polarización, dice Buber, una persona está “más que nunca inclinada a ver su propio principio en su pureza original y el opuesto en su actual deterioro, especialmente si las fuerzas de la propaganda confirman sus instintos para hacer un mejor uso de ellos”. Continúa: “Expresado en terminología moderna, cree que tiene ideas, su oponente solo ideologías. Esta obsesión alimenta la desconfianza que incita a los dos bandos”. Dicho de otra manera, la polarización atenúa el pensamiento crítico, haciéndonos a todos muy fácilmente satisfechos de que nuestros compromisos son correctos porque son superiores a los de nuestros oponentes.

También nos volvemos menos sensibles a las distinciones y preocupaciones de la otra parte, dado que pensamos que ya sabemos lo que realmente motiva su comportamiento político. Entonces, ya que cada lado cree que el otro está tergiversando intencionalmente la realidad, conlleva a la desconfianza.

Lo primero que necesitamos en tiempos polarizados, escribe Buber, es “la crítica de nuestra crítica”. A menos que nos mantengamos en un alto nivel al inferir los motivos y las preocupaciones de la otra parte, la sospecha prevalecerá sobre la verdad.

En segundo lugar, necesitamos “individuación”, lo que significa no tratar al otro lado como un monolito, sino reconocer que cada persona tiene convicciones únicas. Esta idea es fundamental para la filosofía del diálogo de Buber. Un efecto de la polarización argumenta asimismo en la conferencia ya citada, es la transformación de la desconfianza ordinaria en “desconfianza masiva”. Es normal e incluso necesario tratar con sospecha las afirmaciones de una persona que ha demostrado no ser de fiar. Deberíamos desconfiar de un individuo que ha establecido un patrón de jugar rápido y relajado con la verdad. Sin embargo, cualquier transición de desconfiar de un individuo poco confiable a desconfiar de un bando contrario, no es un cambio de grado sino de tipo. El discurso de la otra parte se vuelve culpable hasta que se demuestre su inocencia. … “Uno ya no solo teme que el otro disimule voluntariamente, pero uno simplemente da por sentado que no puede hacer otra cosa”. La polarización no es un desacuerdo extremo, sino la erosión de las condiciones —como la confianza— necesarias para superar el desacuerdo.

ESPERANZA PARA ESTA HORA

El tratamiento que recomienda Buber para esta desconfianza metastatizada es ver a los demás como individuos y no simplemente como parte de un tortuoso “ellos/as”. Superar esta “desconfianza masiva” es especialmente difícil en muchas de nuestras sociedades. No obstante, varios estudios muestran que si nos acercamos a las personas asumiendo que podríamos dialogar con ellas, es más probable que fomentemos el entendimiento mutuo. Ver a cada persona como algo más que su afiliación política, credo religioso, nacionalidad, etnia, etc., es un paso hacia una sana aproximación y posterior cambio.

En tercer y último lugar, Buber sostiene que la polarización amenaza la búsqueda de otros bienes políticos. Refiriéndose a las tres consignas de la Revolución Francesa, “liberté, égalité, fraternité”, insiste en que la libertad y la igualdad no sobrevivirán mucho en ausencia de fraternidad. “Las abstracciones libertad e igualdad”, dice Buber, se mantienen juntas “a través de la fraternidad más concreta, porque solo si los hombres se sienten hermanos pueden participar de una auténtica libertad unos de otros y una auténtica igualdad entre sí".

Ampliando el punto de Buber, agregaría que si las personas no creen que pueden cooperar entre sí para lograr sus objetivos políticos y sociales, es más probable que se vuelvan cada vez más cínicos y estén más dispuestos a justificar los usos no democráticos del poder.

“Esperanza para esta hora” concluye, no con una nota esperanzadora, sino con un desafío. La ciudadanía debe de hacer frente a las fuerzas de la polarización. Las llamas del resentimiento y la desconfianza son avivadas por aquellas personas que se benefician de una sociedad dividida; pero estas tácticas, solo funcionan mientras exista gente que lo permita. Como dice Buber, “la esperanza de esta hora depende de los mismos que esperan, de nosotros mismos”.




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